lunes, 29 de junio de 2020

Ensayo: Jorge Raúl Sotelo Salas Promoción 1963


Un Colegio en la Historia de la República

I
No hay duda que la Pandemia del Coronavirus va a cambiar el mundo. Si el hombre no lo hace, al parecer, un exosoma, sí lo conseguirá. Veremos los resultados en los siguientes años, escenario que muchos de quienes estamos en ‘la tercera edad’, ya no seremos testigos. Lo serán nuestros hijos, sobre todos nuestros nietos y bisnietos.

Es el futuro, de ellos y de la nación, lo que hoy nos debe preocupar. Por lo tanto, lo será también la educación que están recibiendo y recibirán en el futuro.

Una de las medidas adoptadas por el gobierno que preside, Martín Vizcarra (D. S. N° 006-2020MINEDU, 19/05/2020), es el sustituir la educación presencial de los estudiantes pertenecientes a las instituciones educativas públicas (básica, técnica y superior) por la denominada enseñanza a distancia mediante la estrategia ‘Aprendo en casa’, dada la declaración de Emergencia Sanitaria del país por la gravedad de la Pandemia del Coronavirus que se estima durará mientras duren los riesgos de contagio.

Esta modalidad de enseñanza de la educación básica (primaria y secundaria), consiste en la entrega y uso de dispositivos informáticos y/o electrónicos denominadas por el anglicismo ‘tablets’ a las Instituciones Educativas Públicas focalizadas –incluido el implícito servicio de internet, según corresponda–, para la prestación del servicio de educación virtual, las mismas que serán distribuidas en número de 719 mil para los alumnos de 4to, 5to y 6to de primaria y de la secundaria completa del ámbito rural más, 123,780 tablets, para los alumnos del área urbana que se encuentran en el quintil uno y dos de pobreza. Se incluirá, además, 97,8 mil tablets para los docentes involucrados en esta función. El importe de dicha adquisición según anuncio oficial está estimada en 600 millones de soles, equivalentes a unos 177 millones de US$.

Sobre los Contenidos a divulgarse, según la Directiva N° 5 del 25/03/2020-MINEDU, son una selección de recursos educativos elaborados por el Ministerio de Educación ‘y de otros recibidos de organización públicas y privadas, los mismos que podrán ser ajustados con la retroalimentación de las secretarias de educación, docentes y directivos  y del trabajo de las familias en casa’.

En esencia, según reza la aludida Directiva, los contenidos tienen la “misión de promover en los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, el desarrollo de las habilidades que más se necesitan en este momento para preservar la vida y motivar aprendizajes que permitan encontrar, en medio de esta situación, oportunidades para crecer, aprender, conservar sus metas y salir fortalecidos de esta experiencia”.[1]

No hay aún una seria evaluación sobre esta modalidad educativa adoptada, en parte porque recién se está operativizando los equipos y el personal encargado de ponerla en práctica, juicio o análisis que sí se vienen haciendo en Méjico, por ejemplo, a pesar de la casi simultaneidad con que se hain puesto en práctica dicha modalidad en ambos países. Otra razón, puede ser que la sorpresiva ejecución de la modalidad, haya rebasado la capacidad de análisis de nuestros contados especialistas en el tema de educación a distancia, modalidad muy usada en los últimos años por casi todas las universidades peruanas además de instituciones extranjeras, aunque movidas en su mayoría más por razones comerciales que por reales propósitos de calificación profesional especializada.

Éste, diría, experimento urgido y obligado por la magnitud y rapidez de expansión del Coronavirus, nos da pie para poner en la balanza el tema de la Educación de nuestro país –a punto de cumplir su Bicentenario de su Independencia–, y esbozar el futuro inmediato y mediato del Perú en términos de viabilidad y sostenibilidad como nación.

II

Un propósito así trazado obliga por lo tanto a remontarnos desde el inicio de la República, y de cómo en ésta, la o las políticas educativas aplicadas en el transcurrir de estos prácticamente dos siglos, la educación excluyente heredada de la Colonia, en la República, pasó a ser discriminante y transitada por caminos inciertos, ambiguos, y sin derroteros, lo que implicó ausencia de objetivos y metas de mediano y largo plazo, por lo tanto, más sujeto al devenir político, que ha sido testigo nuestro país, teniendo como testimonio en algunos casos, excepcionales resultados individuales y también colectivos como es el del historial de nuestro casi también bicentenario plantel.

Felipe Barreda y Laos (1866 – 1973), catedrático y fundador de la Cátedra de Historia de América de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a lo largo de su libro Vida Intelectual del Virreinato del Perú[2] entre otra de sus obras, sostiene que: 

Los dos grandes objetivos de la educación colonial, fueron: conseguir la sumisión política a la Monarquía y la sumisión religiosa a la Iglesia”[3]

Producida la Independencia y el nacimiento de la República, Barreda y Laos, detalla hechos históricos que demuestran esta falencia cuando no torpeza de quienes gobernaron el país especialmente en sus primeras décadas:

“Atendiendo a la incultura del pueblo, este Congreso (1823) dispuso que la condición de saber leer y escribir para ejercer el derecho de ciudadanía no se exigiría sino desde 1840”[4].
Hablando de la élite gobernante de la República en sus inicios, Barreda, agrega:

“Llegamos así a la vida republicana, sin clase dirigente que mereciera el nombre de tal. Sin aptitud para el gobierno de los directores del país, ¿qué podría esperarse y qué podíamos ser?”[5]

En párrafo siguiente, acota:

“Pero esa élite; esa clase dirigente que hace falta, solo adquiere sus cualidades directoras con una educación sólida y bien orientada de la cual carecimos”.
“Hemos vivido imitando: a España durante la Colonia; a Inglaterra Francia y Alemania durante la vida azarosa de la República”
“En la vida independiente, antes que un ideal colectivo nos uniera; antes que un sentimiento nacional sincero y profundo limitara las expansiones del egoísmo individual, comenzaron los horrores de la guerra civil; en la anarquía, se ahondaron las divisiones; nos acostumbramos a creer que el interés colectivo y el bien nacional nada valían, comparados con la satisfacción egoísta de gobernar”[6].

José Carlos Mariátegui (1894-1930), en su ensayo sobre el Proceso de la Instrucción Pública[7], con una visión más objetiva y dialéctica, afirma:

“Tres influencias se suceden en el proceso de la instrucción en la República: la influencia o mejor, la herencia española, la influencia francesa y la influencia norteamericana. Pero solo la española logra en su tiempo un dominio completo. Las otras dos se insertarán mediocremente en el cuadro español, sin alterar demasiado sus líneas fundamentales”[8]

En el subsiguiente párrafo, agrega:

“En el proceso de instrucción pública, como en otros aspectos de nuestra vida, se constata la superposición de elementos extranjeros combinados, insuficientemente aclimatados. No somos un pueblo que asimila las ideas y los hombres de otras naciones, impregnándolas de sus sentimientos y su ambiente, y que de esa suerte se enriquece, sin deformarlo, su espíritu nacional. Somos un pueblo en el que conviven, sin fusionarse aún, sin entenderse todavía, indígenas y conquistadores. La República se siente y hasta se confiesa solidaria con el Virreinato. Como el Virreinato, la República es el Perú de los colonizadores, más que de los regnícolas. El sentimiento y el interés de las cuatro quintas partes de la población no juegan casi ningún rol en la formación de la nacionalidad y de sus instituciones”

La educación nacional, por consiguiente, no tiene un espíritu nacional; tiene más bien un espíritu colonial y colonizador. Cuando en sus programas de instrucción pública el Estado se refiere a los indios, no se refiere a ellos como a peruanos iguales a todos los demás. Los considera como una raza inferior. La República no se diferencia en este terreno del Virreinato.”

España nos legó, de otro lado, un sentido aristocrático y un concepto eclesiástico y literario de la enseñanza. Dentro de este concepto, que cerraba las puertas de la Universidad a los mestizos, la cultura era un privilegio de casta. El pueblo no tenía derecho a la instrucción. La enseñanza tenía por objeto formar clérigos y doctores.”[9]

“El gobierno de 1831, que declaró la gratuidad de la enseñanza, fundaba esta medida que no llegó a actuarse, en ‘la notoria decadencia de las fortunas particulares que había reducido a innumerables padres de familia a la amarga situación de no serles posible dar a sus hijos educación ilustrada, malográndose muchos jóvenes de talento’ (2) Lo que preocupaba a ese gobierno, no era la necesidad de poner este grado de instrucción al alcance del pueblo. Era según sus propias palabras, la urgencia de resolver un problema de las familias que habían sufrido desmedro de su fortuna”[10]

Mariátegui, incidiendo sobre la herencia que nos dejó España que se quedó estancada en el Medioevo mientras el resto de Europa occidental avanzaba con su revolución liberal y burguesa, cita al destacado jurista y crítico en materia de educación, Manuel Vicente Villarán (1873-1958) con la siguiente descripción:

“Somos un pueblo donde ha entrado la manía de las naciones viejas y decadentes, la enfermedad de hablar y de escribir y no de obrar, de ‘agitar palabras y no cosas’, dolencia lamentable que constituye un signo de laxitud y la flaqueza. Casi todos miramos con horror las profesiones activas que exigen voluntad enérgica y espíritu de lucha, porque no queremos combatir, sufrir, arriesgar y abrirnos paso por nosotros mismos hacia el bienestar y la independencia. ¡Qué pocos se deciden a soterrase en la montaña, a vivir en las punas, a recorrer nuestros mares, a explorar nuestros ríos, a irrigar nuestros campos, a aprovechar los tesoros de nuestras minas! Hasta las manufacturas y e comercio, con sus riesgos y preocupaciones , nos atemorizan, y en cambio contemplamos engrosar año por año la multitud de los que anhelan a todo precio la tranquilidad, la seguridad, el semireposo de los empleos públicos y las profesiones literarias. En ellos somos estimulados, empujados por la sociedad entera. Todas las preferencias de los padres de familia son para los abogados, los doctores, los oficinistas, los literatos y los maestros.”[11]

Si estos eran los vientos en materia educativa del siglo XIX, en la joven República, León Trahtemberg, Magister en Educación y actual miembro del Consejo Nacional de Educación, hace una síntesis de la evolución de la educación peruana en el siglo XX a partir de la normatividad legal expedida en todo el periodo republicano.

Al inicio de su artículo, propiamente resume la realidad educativa peruana, de la siguiente manera:
“Una revisión de las políticas y normas legales referidas a la educación peruana en el siglo XX muestra que ha habido numerosos intentos truncos y fracasados de reformar la educación, lo que ha frustrado las expectativas nacionales de convertir la educación en un gran motor de desarrollo económico y social peruano”.

En su Reflexión final sobre la Evolución de la Educación Peruana en el siglo XX, Trahtemberg, puntualiza lo siguiente:

“Si se hace un análisis comparativo de le educación peruana entre principios y fines de siglo XX, encontraremos como constante el centralismo controlista, y como variables principales dos ejes que se cruzan, uno ascendente y otro descendente. El ascendente corresponde a la educación estatal gratuita, que se inicia con la primaria y actualmente abarca desde la inicial hasta la superior. El descendente corresponde al financiamiento per cápita, cada vez menor, aunque con un período de bonanza entre los años 1950´s y 1960´s, asociado con el descenso de la calidad de la educación, que está hermanada con el  deterioro de las condiciones de vida y profesionales de los docentes. Éstos, de ser profesionales autónomos de las clases altas, hacia mediados de siglo su extracción socio-económica han bajado a las clases medias y a fines de siglo los encuentra en el limitado rol de obreros –pobres y dependientes– de la educación”.

“A todo lo dicho se agrega la incapacidad del estado para visualizar, diseñar e implementar un modelo educativo peruano que responda a los requerimientos y posibilidades peruanas. Hemos sido permanentes copiadores de modelos extranjeros y hemos pasado de estar en manos de las misiones belgas, alemanas y norteamericanas, a depender de las prioridades establecidas por los organismos de cooperación técnica y financiera internacionales.

Sin embargo si se hace un análisis al interior del siglo XX, década a década, encontraremos altos y bajos en el financiamiento de la educación, en las propuestas reformistas, en las calidades de los profesores. Es la falta de consistencia y continuidad de las propuestas las que las han debilitado y diluido, con el consecuente deterioro que nos deja a fines de siglo, al que llegamos con un notorio retraso frente a los países líderes y con brechas educativas equivalentes a las que tuvimos a principios de siglo”.[12]

III

En este panorama desolador que reina sobre la educación peruana, ¿cómo es posible encontrar personajes y hechos que reivindiquen la ausencia de un sistema educativo que sirva de soporte a una nación en incertidumbre? 

Si bien no existe el soporte formador de conciencias libres y comprometidas con el desarrollo y un mejor destino del que ahora formamos parte como nación, no hay duda que serían  los actos y convicciones  individuales las que suplieron esta ausencia básica de una nación. 

A pesar del abuso y atropello que fueron objeto miles de miles nativos, mestizos, y descendientes de esclavos negros y culíes orientales a lo largo de estos 200 años de vida ‘republicana’; a pesar de la esquilmación de que fueron objeto nuestros recursos naturales que posibilitó la acumulación de capital de los hoy grandes países desarrollados y sus corporaciones multinacionales; a pesar del atropello y violación de peruanos y la mutilación de nuestro territorio por parte del ejercito del país del sur estimulado por el capitalismo inglés.

Hay miles de hombres, mujeres e incluso adolescentes y niños, con nombres propios o anónimos, que con sus acciones dentro de esta adversidad política, económica, social y cultural, que supieron con creces dar forma a esta nación que si bien no ha culminado su proceso de constitución, en todo caso han sabido contener e incluso vencer las mayores agresiones y superar los obstáculos de quienes asumieron dirigir el país, sólo distinguieron el beneficio particular.

El testimonio que avale lo señalado líneas arriba, será la existencia y aporte de un colegio de esta parte del país que está por cumplir en los próximos siete años, su bicentenario de existencia.

En su tránsito de Simón Bolívar por Europa a la edad de 27 años, en 1810 tuvo oportunidad de conocer al educador Joseph Lancaster en Londres, quien promovía la educación pública, masiva y gratuita y con el menor número de profesores a través del método ‘enseñanza mutua’, modalidad que posibilitaba la educación masiva a través de los niños monitores, los más aplicados, quienes a su vez replicaban a otros grupos lo aprendido a manera de una pirámide, siendo uno de sus requisitos, la aplicación de una férrea disciplina en el aprendizaje.

Ya en su condición de Libertador y comprometido con el futuro de los países libertados, es la educación de los niños y jóvenes, varones y mujeres, una de las prioridades que otorga en su paso por los países andinos liberados. En su paso por el sur del Perú y a pesar del cuestionamiento que en Arequipa le hace la Academia Lauretana, el 6 de agosto de 1825, en Puno, Bolívar ordenó la fundación de varios colegios nacionales, siendo uno de ellos el Colegio de la Independencia Americana.

Si hay alguna fuente importante para hablar del historial del Colegio Independencia, esa es la que escribió Horacio Morales Delgado (1893-1957), en su libro ‘Estampas de un Colegio Centenario’, obra compuesta de un Liminar y 37 Estampas y que atestiguan los 33 años que estuvo vinculado con el colegio bolivariano, ya sea como estudiante, una década como docente y dieciocho años como Director.

Honorio Delgado Espinoza, destacado médico psiquiatra y exalumno del Colegio, escribió en el Prólogo del libro, lo siguiente:

“En Estampas, cobran realce de vida esforzada y noble las figuras de los hombres que nos presenta Morales sobre el fondo opaco de trabajo, dificultades y dolores, anexo al ambiente de la institución que dirigió. Así, nos hace palpar el penoso contraste reinante entre la excelencia y la abnegación de algunos maestros y funcionarios (hasta el último portero pintado de manera maestra) y la incomprensión y la cicatería de las partes llamadas a otorgar lo plausible; el contraste entre un discipulado honesto, laborioso y entusiasta y la clandestina demagogia sectaria que al fin desalienta y amarga al Director, hasta entonces indulgente con la travesura estudiantil”.[13]

Horacio Morales en su 3ra Estampa, ‘Fisonomía del Colegio en la vida de Arequipa’, luego de hacer una referencia a la fundación del Colegio por Bolívar y reconocer el inicial valioso aporte docente brindado por los miembros de la Academia Lauretana que posibilitaron que sus promociones egresadas se insertaran protagónicamente en la dinámica comercial e industrial de su lar, hace su primera confesión testimonial:

“…el funcionamiento del colegio ha permanecido algo así como al margen de la actividad social; su vida de laboratorio educacional no interesaba mayormente a la ciudadanía de engreimiento. Inclusive se le miraba con cierta extrañeza, como a sujeto foráneo, acumulando contra él, frecuentemente temor y desdén. Así, la opinión de la “sociedad Arequipeña” era adversa y el tejido de conjeturas y de chismes truculentos colocaban al ‘conjunto independiente’ con atributos de singular fiereza y herejía…”

Agrega, luego:

“De todas maneras, no puedo olvidar que esta situación equivocada de Arequipa para con su gran colegio era velada y socarronamente alimentada por algún un sector de dirigentes y profesores con afán de lograrse aureolas heroicas de amansadores, capaces de producir admiración y nombradía en los medios sociales. De esta manera pueril se favorecía el prestigio cavernario que habíase adjudicado a los alumnos “independientes”.14

En su 4ta Estampa, ‘El centenario del Colegio’, Horacio Morales, refiere:

“Tengo que insistir en la comprobación del fenómeno –único en el Perú–, de la coexistencia de las instituciones de Arequipa con el Colegio Nacional de la Independencia Americana y su vida enteramente inconexa y de la postura indiferente –sin exageración– a veces hostil, por parte de aquellas; pese a que el colegio fue siempre el mejor contribuyente para la ciudad de valores de auténtica clases en personas y cosas. Nadie pudo desconocer jamás la actitud de los profesores y de los alumnos mayores al ofrendar su sangre a la Patria en la Guerra del Pacífico y de un Director suyo llevando a funcionar las clases en su domicilio mientras el colegio era ocupado para menesteres de la contienda. Y todos los arequipeños han sabido de siempre que las más altas personalidades de figuración nacional y americana las ha dado el colegio en sus cuadros estudiantiles. ¿Cómo podría explicarse, en tales condiciones, una convivencia tan desarticulada, con signos de repelencia? ¿Idiosincrasia mesoandina, tal vez? El caso es que el fenómeno influyó siempre y poderosamente para que el colegio no hiciese trascender su vida cotidiana ni intentase intervenir en la existencia ciudadana”.[14]

Morales finaliza esta estampa mencionando el desaire que tuvo la ‘sociedad arequipeña’ en la actividad de cierre festivo por el Centenario al ágape en el Club Internacional de Tiro al Blanco: “De los cien personajes invitados a comer de nuestro pan y a gustar de nuestra sal, creo que apenas acudieron cuarenta. Hubo disculpas escritas y telefónicas y no las hubo de ninguna forma… conducta que los profesores estimamos vergonzosos en que las autoridades de primera fila y los presidentes de las instituciones nos habían desairado”.

Cansado en su propósito de articular el colegio con los conductores sociales de Arequipa, Morales testimonia su frustración: “Entre tanto, el ensamblaje deseado no se produjo. El Colegio de la Independencia Americana continuó tan aislado como antes”.[15]

IV

En su discurso por el Centenario del Colegio, Don Francisco Gómez de la Torre, declaró:

“El Colegio de la Independencia  Americana fue, desde su fundación, el mantenedor de las ideas de libertad y de la enseñanza sin prejuicios de la ciencia que ha explicado en sus aulas con el honrado espíritu de buscar la verdad; aunque en su empresa tuviera que derribar castillos de preocupaciones ajenas y muros de dogmatismos seculares. La vida del Colegio siguió el ritmo de la vida de Arequipa cuando era esta ciudad el centinela avanzado de las libertades públicas, el pueblo viril que imprimía rumbos a la existencia nacional.”17

Y son precisamente esos genes sociales e ideológicos, la Libertad, la Verdad, la Rebeldía, y la Justicia, surgidos de la discriminación, el marginamiento, la improvisación y la sistemática corrupción que rigió en el país durante doscientos años de República, los que condicionaron el protagonismo de los jóvenes ya sea en el siglo XIX en la batalla del 2 de Mayo o en la Guerra con Chile, y en el siglo XX, el reclamo de una mejor educación y administración del colegio bolivariano. 

Hay dos hechos históricos de los que nuestra generación fuimos testigos, ya sea como infantes en la huelga del 50 o como adolescentes y actores directos en la huelga de 1963.

Si bien las circunstancias de ambos hechos -aparte de otros semejantes que antes, durante y después de esos años, igual hubieron actos de rebeldía por temas afines-, que refiero, buscaban el mismo objetivo: permitir la libertad de asociarnos, mejorar la calidad educativa y sancionar los actos o personas que administraban mal los escasos recursos que el colegio percibía.

En estos movimientos juveniles de extracción popular y de derecho pleno, tuvo su correlato colectivo de plena adhesión de la ciudadanía ya sea de los gremios laborales, de los pequeños comerciantes, de los profesionales liberales y, por supuesto, de los universitarios de San Agustín.

Si la dictadura en 50’ reprimió con sables y balas la protesta juvenil cortando la vida de sus principales defensores, la del 63’ con menos tragedia pero con mucha más adhesión juvenil de otros colegios de varones y mujeres de Arequipa, todos sentíamos y reclamábamos una mejor educación, ya sea en recursos económicos, como el cambio de algunas autoridades y como símbolo de justicia ante la discriminación de la autoridad, la posesión de un ómnibus escolar, que otros colegios públicos, con menos historia y mérito, por entonces los poseían. Era el trofeo generacional que retribuía décadas de indiferencia de quienes gobernaron el país y ejecutaban el mando centralista de la Educación.

Teníamos sueños y utopías propias, y aunque no siempre con total adhesión juvenil de los casi dos mil estudiantes, pero con su silencio adolescente de seguro por la disciplina vertical de sus progenitores, sabían y aceptaban que merecíamos tener una mejor educación para aspirar a un mejor futuro en un mejor país.

V
Nuestra nación multiétnica, pluricultural y mega biodiverso, ad portas del Bicentenario de su Independencia, confronta casi los mismos males que hace doscientos años confrontaba: la mala administración de nuestros recursos naturales y culturales y la endémica corrupción sistemática reflejados ambos en el mal estructural del atraso, pobreza y miseria, a la que se agrega la que hoy nos tiene casi acorralados: la pandemia del coronavirus que ha derivado en la educación a distancia con el auxilio de la tecnología que para el caso, pienso que contribuye a desplazar aún más los pocos valores y logros que en forma presencial se viene impartiendo. 

Solo como referencia, cito lo siguiente: los resultados de la Evaluación Nacional de Aprendizaje, 2018 de 4to de primaria[16], fueron los siguientes: Satisfactorios, en Matemáticas 30,7% (rural 13,0%); y en Comunicación-lectura 34,8% (rural 13,0%), lo que implica que a nivel país, solo uno de cada tres alumnos obtiene un nivel satisfactorio de aprendizaje. En la zona rural, el drama es aún mayor: en promedio, uno de cada 10 alumnos, logra un grado satisfactorio de aprendizaje, que por lo demás, no les garantiza tampoco un futuro alentador.

Se tiene que hacer un giro de 180 grados en materia educativa.

Sólo la actividad agrícola y pecuaria doméstica, especialmente de la sierra peruana, es una gran opción de aprendizaje para los niños del campo si contasen con el apoyo adecuado de maestros y técnicos que posibiliten no solo reconocer la importancia de sus predios sino y sobre todo cuando jóvenes y adultos eleven la calidad y productividad de sus cultivos y crianzas, como también experimentar alternativas –agricultura orgánica, por ejemplo– que luego asociados en cooperativas comunales puedan no solo producir y vender a las ciudades sino, además, incorporar valor agregado y abastecer al mercado nacional o la exportación. 

La biodiversidad es tal vez el otro potencial natural que considero de igual o mayor magnitud que la minería, dado que la amplia gama de flora y fauna que nos ubica como uno de los siete países mega diversos del planeta, pueden servir de soporte para descubrir los elementos y principios activos que contienen en su estructura biótica y ser objeto de utilización o trasformación en lo que hoy se conoce, por ejemplo, los llamados productos nutracéuticos y ramas diversas de la industria en general.

Y es que la mejor educación que se le puede brindar a los niños y adolescentes a diferencia de la escuela moderna, funcional al mercado –la más difundida por su propósito: hombre-trabajo–, es aquella que está referido al desarrollo de las capacidades y habilidades del ser humano vinculadas a su medio ambiente natural y que le servirá de soporte para el logro de una óptima calidad de vida, sostenible en el tiempo.

Tanto la pandemia actual y otras futuras que puedan surgir o el propio Cambio Climático por causas antropocéntricas que puedan volver inhabitable nuestro planeta, obliga a mirar el futuro de las nuevas generaciones bajo el concepto pluriversal de que el hombre es parte de la naturaleza y que su supervivencia como tal en su condición de ser la especie superior en la escala biológica del planeta, solo lo puede lograr si su comportamiento está al servicio del planeta que habita y no como viene ocurriendo hasta el presente, en que los elementos y recursos naturales, incluso los miembros de su propia especie, son objeto de dominación, apropiación e incluso extinción.

Jorge Raúl Sotelo Salas
Promoción 1963

                                                          



[1] MINEDU: https://www.mineducacion.gov.co/1759/articles-394577_recurso_5.pdf, ANEXO 3 Sector Educativo al Servicio de la vida: Juntos para Existir, Convivir y Aprender
[2] Barreda y Laos Felipe, Vida Intelectual del Virreinato del Perú, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 1964
[3] Barreda y Laos Felipe, Ibíd., pág. 273
[4] Barreda y Laos Felipe, Ibíd., pág. 274
[5] Barreda y Laos Felipe, Ibíd., pág. 276
[6] Barreda y Laos Felipe, Ibíd., pág. 276
[7] Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, Empresa Editora Amauta SA, Lima, 1972, Vigésimo Quinta edición.
[8] Mariátegui, José Carlos, Ibíd., pág. 105
[9] Mariátegui, José Carlos, Ibíd., pág. 105 y 106
[10] Mariátegui, José Carlos, Ibíd., pág. 106 y 107
[11] Mariátegui, José Carlos, Ibíd., pág. 108 y 109
[12] León Trahtemberg, Evolución de la Educación Peruana en el siglo XX, https://www.trahtemberg.com/articulos/1169evolucion-de-la-educacion-peruana-en-el-siglo-XX
[13] Morales Delgado Horacio, Estampas de un Colegio Centenario, Editorial UNSA, Arequipa, Julio, 2008 14 Morales Delgado Horacio, Ibíd., pág. 22
[14] Morales Delgado Horacio, Ibid., pág. 25
[15] Morales Delgado Horacio, Ibid., pág. 29 17 Morales Delgado Horacio, Ibid., pág. 57

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