Dr. Oscar P. Barreda Tamayo
Promoción CNIA 1964
En cada edad se tiene una visión del mundo personal,
familiar y social; porque nuestras capacidades y necesidades son diferentes. En
el seguro entorno familiar de la Infancia, con hermanos y hermanas mayores
y menores me sentía
a gusto y protegido.
Hasta que las cosas cambiaron para bien en el nuevo
ambiente de la Primaria, porque
aprendí a leer, escribir, jugar en grupo con amigos y compañeros, y vivir
intensamente, con agradable sorpresa los progresivos y variados contenidos
desde la Transición, hasta el Quinto año. Las veces que con nostalgia he
regresado a mi Escuela Manuel Muñoz Najar, con sorpresa he notado que toda la
arquitectura, gradas, ventanas y las carpetas eran pequeñas, especialmente
diseñadas para niños.
Luego, en la Secundaria
tuve el privilegio, como mis hermanos mayores, de estudiar en el Glorioso
Colegio de la Independencia Americana, con sólida tradición, 14 años después
de la famosa Huelga Estudiantil de 1950, que devino
en la denominada Revolución de Arequipa, apoyada por los arequipeños, pero
duramente reprimida por el dictador de turno.
En la Universidad Nacional
de San Agustín me gradué de Psicólogo y Doctor en Filosofía; y con una beca
Fullbright Laspau, obtuve mi maestría en Estados
Unidos. Posteriormente, con otra beca en Japón seguí un postgrado con 30 Jefes de Personal de empresas peruanas.
Trabajé en la Consulta privada y en la Docencia
universitaria en varias Universidades del Perú, tanto en el Pregrado, como en
Maestrías, Doctorados y Postdoctorados; Y he participado en Congresos
Académicos nacionales e internacionales.
En este contexto, a mis 72 años, en el presente Ensayo, en retrospectiva pretendo analizar algunas
hipótesis sobre por qué ese período de
la Secundaria, a diferencia de la Primaria, Universidad y Postgrados, fue tan
especial y quedó marcado con mucho afecto, orgullo e identificación
auténticamente compartida, en todas las Promociones.
Rumbo al bicentenario el 2027, muchas generaciones en 193
años, han contribuido al servicio de la sociedad y sus familias, en todas las
profesiones y trabajos según su vocación, talentos y posterior especialización;
y cualquiera de ellos, puede dar
sentido y emocionado testimonio de la
especial influencia de su formación Independiente, que se comparte cada vez
que han desfilado en la Plaza de Armas o en el día del Colegio, recordando
anécdotas, o en estos tiempos, comunicándose digitalmente.
Examinemos algunas características de la adolescencia,
época de radicales cambios y comienzo
de la autonomía base para el progresivo paso a la juventud,
y mayor madurez personal que llevarán a la posterior etapa del trabajo las
siguientes cuatro décadas y su propia familia.
En este período
transicional se adolece
de la madurez suficiente, pero se es más
consciente de la realidad y su creciente autonomía en decisiones personales,
amicales y sociales; lo que lleva a crecientes conflictos y al descubrimiento
de personas de su edad que comparten sus dudas y con los que se puede explorar nuevos caminos, no siempre
todos seguros y si a conductas de alto riesgo como
el consumo de sustancias adictivas, problemas escolares o delincuencia.
Sin llegar a la educación militarizada de jerarquizada
obediencia vertical sin dudas ni murmuraciones; ni a la variada formación
religiosa basada en una excluyente fe; o políticamente ideologizadas de
sectaria concepción del mundo; o populares seguidoras de la curricula oficial,
memorista y sin trascendencia personal o social. Nuestra formación secundaria
Independiente marcó la diferencia.
Desde el Himno
del Colegio que siempre cantábamos y lo sabemos
de memoria, apenas escuchamos
las primeras notas unánimemente y con todas nuestras fuerzas empezamos “Loor y gloria a los hombres de antaño…” se mencionan,
en la letra oficial con coro y cinco estrofas
a 45 independientes de antaño. He allí
un valioso legado para que el adolescente se identifique, desde el primer
año. Y al mismo tiempo el coro termina
con… viril libertad… LIIIBEEERRRTAAADDD,
justo lo que el adolescente busca, responsable, pero libertad.
La enorme cantidad de alumnos, de todas las sangres, como diría Arguedas, y de todas las edades
del primero al quinto, hace 60 años en los años superiores había alumnos que ya
eran jóvenes, proporcionaban una muestra de comportamiento correcto, de
nuestros contemporáneos pares.
Por la disciplina, puntualidad, rendimiento académico y
conductual controlado por los Auxiliares de cada aula, así como los excelentes
Docentes de cada especialidad, la Libreta de Notas era el factor que depuraba a
los que reiteradamente desaprobaban tanto en Rendimiento como en Conducta.
De esta manera, quedaba un
mayoritario grupo selecto con el cual compartir la adolescencia y crecer juntos.
Con los compañeros afines practicamos deportes, jugábamos,
estudiábamos, conversábamos, contábamos nuestros problemas y éxitos, juntos
enfrentábamos injusticias y reclamábamos nuestros derechos, algunas veces
conocíamos nuestras familias, también peleábamos y nos trompeábamos; y cuando
representábamos en competencias a nuestro colegio, o desfilábamos, o en el
paseo de antorchas, se reconocía y apreciaba nuestra clara identidad
Independiente.
Durante los cinco años difíciles de la adolescencia, gracias al gratísimo ambiente del Colegio Independencia, pudimos pasar de nuestra pubertad
a la juventud con nuestra
familia; y junto a nuestros entrañables compañeros madurar bien, con valores
cívicos y personales, con capacidad de indignación frente a las injusticias, así como una definida y agradecida identidad que la mantenemos con satisfacción y orgullo todos los exalumnos, y en nuestra
promoción 56 años, hasta que dejemos de existir.
Una segunda hipótesis es que; dado que la Institución tiene
un valioso historial, es probable que la identificación popular con ese historial, refuerce
el sentido de pertenencia y particular orgullo compartidos.
Un ejemplo de solidaridad es la del pueblo arequipeño con
las justas demandas del alumnado que llegaron al límite de la Huelga. En
nuestra promoción 64, por lo menos un par de veces el 61 y el 63, era que
nuestros padres, enterados por la radio, masivamente acudían con palabras de
aliento, chompas, casacas y frazadas para pasar la noche y un poco de alimento
que compartíamos con los compañeros cuyos padres vivían muy lejos.
Al día siguiente, y por los días que duró la huelga, antes que llegaran
los policías y militares rodeando el colegio,
hicieron una bolsa común y compraron canastas de plátanos, vasos de chocolate
y bizcochos chancay, como desayuno para sostenernos durante el día.
Mientras otros grupos de padres se involucraban conversando
con las autoridades locales y nacionales e interponían sus buenos oficios para
que nuestra huelga estudiantil no se distorsionara y terminara en tragedia, ni
sufriéramos radicales expulsiones ni sanciones académicas.
Yo decidí quedarme con los compañeros, a pesar de que
recibiría una fuerte sanción de mis padres. En mi adolescencia sentí que ya era
capaz de tomar decisiones sobre mi vida. Por consiguiente, cualesquiera sean
las consecuencias, las afrontaría; y que tomar ese riesgo era lo correcto.
Para mi agradable sorpresa, desde el segundo piso, de
pronto en el grupo de la calle vi a mi padre, exalumno independiente,
alentándome y dándome noticias de mi madre y hermanos. Mis compañeros y yo no estábamos
solos, los arequipeños y nuestras familias también nos apoyaban.
Terminó la huelga, se consiguieron algunas demandas, entre
las que estaba un ómnibus para el colegio; posteriormente cuando lo vimos,
estallamos en gritos de felicidad, y pensaba que algún día abordaría ese trofeo
de guerra para sentir la grata sensación de ganador.
Me dije tiempo al
tiempo, ya llegará mi turno…que nunca llegó. Porque fue iluso pensar que su
limitada capacidad, no alcanzaba para todos los docentes, administrativos,
viajes de promoción y miles de alumnos. Algún día lo vi como vieja chatarra,
y pensé que en realidad
necesitábamos toda una flota de buses…
o renovarlo con la promoción, 46 años después.
Otra evidencia a esta segunda hipótesis se da en nuestra
promoción 64, así como se podría también mencionar con certeza, a cada una de
las demás promociones, todas sin excepción a favor de nuestra alma mater
Independiente.
De la biografía del compañero Ronald Arenas Córdoba,
tomamos resumidamente algunos hechos objetivos. Fue presidente de la Liga
Agraria de Arequipa, Decano del Colegio Médico Veterinario, Gerente
de Majes-Siguas II,
Gerente de Autodema. Y como compañero Independiente, fue
uno de los muchos apasionados dirigentes por cada aula en la mencionada huelga
de 1963.
Recientemente fallecido y a manera de homenaje póstumo,
resaltamos su positivo rol dirigencial de nuestra promoción, siendo muy querido
y proactivo presidente de la Promoción 40 años. Para el período 2020-2022
democráticamente hemos elegido al compañero Antonio Vargas Oblitas, activo
miembro de la Asociación de Exalumnos y eficiente motivador para la entusiasta participación nuestra en todos
los XXV Juegos Deportivos anuales, organizados
por las diferentes directivas de la Asociación.
En nuestras Bodas de Plata 1989, Sacamos
fondos con una pelea de toros en la
cancha de fútbol del colegio, y adquirimos un equipo de riego por aspersión,
mallas para los arcos, señalamiento para la pista atlética; donamos
6 colecciones de libros para
la biblioteca, y organizamos una Academia Preuniversitaria gratuita para nuestros
egresados independientes.
En nuestras bodas de Rubí 2004, concedimos premios pecuniarios a los mejores alumnos del primero al quinto; se adquirió un kit completo
de motor y accesorios
para volver operativo el ómnibus que conseguimos en la huelga de 63.
En nuestras bodas de Zafiro 2009, gestionamos ante el
gobierno regional, y 46 años después, logramos la adquisición de un nuevo
ómnibus para el Colegio.
En nuestras bodas de Oro 2014, con insumos donados
por el Gobierno Regional, y
la Promoción financiando su diseño en Arequipa y construcción en Lima, donamos el monumento del Visionario Libertador Simón Bolívar con 274 kilos de
bronce y 1.80 m. de altura, que hoy preside el Patio de Honor del Colegio.
En nuestras bodas de Esmeralda 2019, con el presidente de la
Asociación de Exalumnos 2017-2019 sacamos la Revista “Rumbo al Bicentenario del Colegio Nacional de la Independencia
Americana 1827-2027” con el apoyo de nuestra hermana de nacimiento, la
Universidad Nacional de San Agustín.
Si bien esta etapa de adolescencia llena de cambios hacia
la juventud, y mayor autonomía personal; así como el pertenecer al primer
Colegio Secundario de larga y meritoria tradición identificada con los
arequipeños, muchos de ellos exalumnos, explicarían en parte, esta especial
identificación entre los compañeros de las diferentes promociones, así como la identidad y el orgullo
por la pertenencia al Colegio Independencia, nuestra alma mater secundaria… faltaría una
reflexión sobre la situación actual, en tiempos de pandemia.
La adolescencia es hoy nativa digital, y domina
sus chats y redes sociales
como Facebook o Instagram; con facilidad manejan los juegos en línea
como fornite y muchas de sus amistades y relaciones, que se pueden
contar en miles y algunos millones de seguidores, se
comunican gracias a los celulares inteligentes cada vez más potentes y de
acceso universal las 24 horas del día, todos los días.
El tiempo y calidad de sus relaciones personales con sus
compañeros está disminuida en relación al predominio del contacto digital. Este
mayor conocimiento y conectividad, obviamente tiene sus ventajas por el acceso
directo a todo tipo de información en tiempo real;
pero, en desmedro
de las experiencias reales. Situación que se agrava ahora a nivel
mundial por la cuarentena que ya lleva
varios meses de clases virtuales, que favorecen el autoaprendizaje.
Las promociones presentes y futuras obviamente serán
diferentes, pero abrigamos la esperanza que se mantenga
la valiosa tradición
identitaria que hoy vivenciamos; esperando la siga
promocionando con legitimidad, renovada energía y creatividad, nuestra Asociación
de Exalumnos del Glorioso Colegio Nacional de la Independencia Americana.
Arequipa, 19 de
junio del 2020
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