jueves, 18 de junio de 2020

Cuento: Promoción 1975


Nombre del cuento: “EL QUE ENTRA EN ESTE COLEGIO JAMÁS SALE DE ÉL “
Autor: Jesús Arana Cornejo
Promoción: 1975

En memoria de nuestro querido compañero de promoción: Roque Ricardo Rodriguez Manrique.

“EL QUE ENTRA EN ESTE COLEGIO JAMÁS SALE DE ÉL”


Es el año de la pandemia:

Transcurre un año singular con un invierno gélido de lento discurrir y preñado de incertidumbre… estamos confinados por la cuarentena. Tras las puertas agazapado acecha el virus sediento de nuestro aliento.

La modorra me está haciendo estragos en el alma; ¡el alfeñique se revela! Veo un almanaque y me refugio en él… 15 de Julio 2020 señaló con un dedo; falta  poco pienso… sin embargo se me hace inalcanzable en este encierro sordo y gris. Masculló entre dientes…con este sumarían 45 aniversarios después de haber dejado las aulas del “querido amigo viejo”…mi alma mater.

… La nostalgia me reclama en prenda y no me resisto, no quiero hacerlo. Cronos me lleva en reversa veinte años con sus días… a nuestro 25 aniversario de egresados:


VUELVO AL “QUERIDO AMIGO VIEJO”

Violentos latidos y pasó apurado me llevan a la entrada del pabellón norte; cogidos de la mano me acompañan mis hijos, al lado mi esposa.

-         ¿A dónde vamos papá? Pregunta el más pequeño.
Un nudo en la garganta demora la respuesta….se agolpan los recuerdos y abruma el sentimiento.

-         Estamos ingresando en mi colegio; el colegio Independencia Americana… Respondí quedo.
Pasos más allá los ojos de mi hijo menor de por sí ya grandes y expresivos se hacen enormes como lunas llenas.

-         Papá…papá! Me dice con preocupación, ¿papa cómo vamos a salir de tu colegio? ¡Allí…! En el muro dice “El QUE ENTRA EN ESTE COLEGIO JAMÁS SALE DE ÉL”.
-         Me arranca una sonrisa….me maravilla su inocencia….

Y pensar decenas de veces leí aquella frase... Y solo hoy, me doy cuenta de lo profundo e insondable que trasunta aquel mensaje.

¿Cómo responder aquella pregunta? Como explicarles algo que yo mismo no entiendo cabalmente, que llevo en el alma desde siempre y no sé cuándo y cómo entro allí…busco palabras sencillas que grafiquen tal sentimiento y no las encuentro.

Me gana la nostalgia, me abstraen los recuerdos y me llegan sonidos del ayer…

Apenas si escucho mi propia voz enrevesada con el bullicio del recreo:

-         Tía Susana… ¡tía Susana un sanguche de cebolla! (acorde nuestros bolsillos desprovistos).
-         ¡Pibe… una bola de helado en mi pan de tres puntas!
-         Pasa la pelota… ¡cuidado que el loco te barre y no pregunta a quien! Grita Pepe.

Fugazmente transcurren los minutos entre juegos y pletórico sudor. Ulula la sirena y prestos volvemos al salón:

-         Muy bonito…muy bonito angelitos cueteros… a limpiar el saloooon! Espeta el “negro” Pomareda. (Acomodamos las carpetas entre risas y empujones).

Y así; cuál fugaces estrellas cruzan mí menté gritos, aromas, bromas, peleas…cual preámbulo al reencuentro:


REENCUENTRO CON LA PROMOCIÓN

……Han pasado veinte y cinco años de egresados…:
Hola loquito, saluda la ’75; los muchachos de ayer…los muchachos de siempre, no han envejecido…las mismas bromas, la misma joda, igual de palomillas…nos llamamos por nuestras chapas o apellido, rara vez por nuestro nombre.

Saltan las tapas de las cervezas…alguno usando su revólver de servicio cual destapador.
El espirituoso brindis aliviana la memoria, fomenta las bromas y las ocurrencias. Vuelan los sentidos…se desdobla el tiempo…

 …Devienen los días primeros de secundaria entre aquellos muros:


PRIMER DÍA DE CLASE

Año 1,971.
Transcurre la época del gobierno militar y la reforma educativa:

Haciendo un reconocimiento recorro el patio del colegio.

-         ¡Mira esos enanos de primero!... cada año más pequeños. (Comentan a la sazón algunos de cuarto o quinto).

Algunos de esos enanos eran amigos de escuela.

-         ¡Hola Piojo! saludo.
-         Hola Enano, contesta entre temeroso y abrumado por lo grande del colegio y lo numerosa de la concurrencia.
-         ¿Viste algún conocido?
-         Si, vi a la Momia y Chirinos por allá y a alguno más.

Suena la sirena a diferencia del viejo timbre de mi escuela; como remarcando…como presagiando el vuelco que darían nuestras vidas al ingresar en estos claustros. No imaginábamos siquiera que también ingresábamos a ser parte importante de la historia de Arequipa… (La “I” es la “I” ahora pienso).

Nos formamos en columna de uno y guardamos la distancia… el sol fustigaba nuestras testas; palabras van…palabras vienen. Terminaron los discursos y nos dan la bienvenida.

A sus salooones!
Les toca la sección “H”; nos indica el auxiliar Herrera; con el tiempo… nuestro querido “Pan Quemao”.
El salón rebosaba de alumnos e incertidumbre; todo era nuevo para nosotros, nos veíamos de reojo, por lo menos yo lo hacía.


PRIMERAS SEMANAS

“En el camino del arriero la carga se acomoda sola”. Solía decir mi padre; dicho correcto calzaba con lo que transcurría en nuestro salón. Y si pues se fue acomodando la carga; cada uno de nosotros fue encontrando su lugar y espacio, no sin antes mediar previa negociación; los unos haciendo alianzas defensivas, como los que con el tiempo conformarían “amor de verano”: “si te metes con uno de nosotros te metes con todos”… y les funcionó! Los otros arreglando sus diferencias a puño limpio, ganándose un lugar en la jerarquía juvenil.

TUME VS GUERRA

“Chócala para la salida”. Así fue, Guillermo Guerra haciendo gala del apellido y su sapiencia como peleador con recorrido, le pegó a Alberto Tume, pero pago un alto precio, al día siguiente llego al salón con la mano enyesada; Tume con un certero golpe de cara le había fracturado la mano a Guerra, ahí nació su sobrenombre “Tume care e piedra”.

Y así después de un zafarrancho de peleas llegó la calma al salón. Las jerarquías y las alianzas quedaron establecidas.


LOS CHATOS DE LA “H”

Algunos de quinto nos preguntaron “¿Quiénes son sus Doctores?”, Ah respondimos: El “cholo” Patiño, Juan Machuca, Solorio Campana, el “negro” Pomareda, el doctor Ricardo Rosendo Ramírez Rodríguez (el tío “Rositas” por la concurrencia de las erres), “Platanazo” Málaga, Drácula” “Huerta”, el padre Ramón Abarca, Waldo Oviedo, Justo Motta y el suboficial Rojas.

 “Pucha, se sacaron la lotería” dijeron, “les ha tocado los doctores más bravos del colegio”.

Resulto cierto; pero eran tan exigentes con la disciplina como buenos maestros, dignos sucesores de los doctores de la academia Lauretana y la universida de San Agustín con los que en ese entonces compartían maestros; de allí el apelativo de “Doctores”, título del que hacían gala con prestancia.”






“A RINCÓN QUITA CALSON”

En aquellos días falleció la madre de nuestro “doctor” de geografía Juan Machuca, y asistía él al dictado de clases sobreponiéndose a ese dolor seco, visceral y profundo.
En uno de esos días concluido el dictado se apoyó en su pupitre,  y de tanto en tanto le ganaba el sentimiento, sollozaba quedito… rumiaba su tristeza…

Minutos antes de su llegada al salón alguien encerró al “negro Llaza en un ropero del salón que antes fuera dormitorio del internado, cruzaron un palillo a través de las armellas haciendo imposible su escape; este gritaba y suplicaba pero nadie lo ayudó a salir de su encierro… De pronto el salón hizo mutis; el doctor Machuca hacía su ingreso; cesaron los gritos desesperados del “negro” y guardó absoluto silencio, que solo rompió se me antoja cuando el pánico le ganó y con lastimera voz volvió a suplicar que lo liberen de su encierro.
Concurrió todo esto con el  acostumbrado ritual de sollozos mustios de nuestro profesor y está renovada súplica fungió cual marco del más allá,  acompasando los lamentos de don Juan…se incorporó este violentamente! Aturdido por inexplicable suceso…demoró unos instantes en entender lo que acontecía, volvió la mirada al minúsculo habitáculo, deslizó el palillo que hacía dé pestillo y con los ojos muy abiertos montó en cólera sintiendo manoseado su ritual de dolor; cogió al muchacho por el hombro y estalló en santa irá, ganado por la indignación, deslizó rápidamente el grueso cinturón de su cintura y le aplicó con frunción y esmero soberano castigo.

Discurrió el resto de la clase en silencio, se imponía en el aire el ritmo acelerado de nuestra respiración, mientras lamíamos nuestras heridas, solidarios con nuestro compañero.
Tan pronto se retiró el Dr. Machuca rodeamos al negro y compartimos con él su dolor y humillación, pero sobre todo nos repartimos equitativamente nuestra dosis de risa y carcajada con las que sellamos nuestra amistad; atrás quedó el dolor y nuestra humillación compartida.

Ese día empezó a perfilarse nuestra incipiente  hermandad, comenzamos a asumir el valor de la solidaridad entre nosotros y a repartir sobre nuestros hombros el  peso de la historia de nuestro colegio…enorme responsabilidad legada por los que nos antecedieron.


LA HUELGA DEL “72

Invierno del “72
Un vientecillo frío nos calaba hasta los tuétanos enfundados en aquellos tenues uniformes grises como esa mañana. En formación esperábamos la orden para ir a a nuestros salones…de pronto un gran estruendo corto a cuchillo nuestro ensimismamiento…

¡HUELGA! ¡HUEGA! Escuchamos, teníamos referencias más nunca las vivimos. Pasado el estupor… nos dispersamos buscando el foco de la inusitada agitación. Presuroso el suboficial Merino luchaba por impedir que la reja del pabellón sur se sellara a cadena y candado, tuvo que ceder arredrado por enmascarados mozuelos; esta reja se aseguró y las demás también… el plantel estaba tomado!

Resignado me dirigí al internado como buscando calor al amparo de mi vieja aula de primero; un alumno cualquiera saltaba como loco sobre una carpeta… ¡Huelga! ¡Huelga! Desaforado gritaba entre brinco y brinco, de pronto soberano palmazo lo hizo desistir de tan insensata tarea: “Las carpetas son tan tuyas como mías” le increpó uno del comando de huelga. “El colegio se respeta!” SENTENCIÓ y desapareció tan presto como llegó (Primera lección).

Transcurrieron un par de días plagados de la inesperada libertad que nos confería aquella situación; deambulábamos a nuestro antojo y charlábamos a discreción entre chistes y carcajadas. Sobre el césped de la cancha de fútbol brotaron silvestremente carpas a cual mejor,  arropadas por nuestras frazadas y erguidas a costa de las maderas de la carpintería del plantel; curiosos nombres las identificaban: “Amor de verano” decía una subtitulada “Mazurca en la carpa”, parodiando una erótica película de aquel entonces. “Rápido chaveta” decía la del “chato” y compañía, “El gran chaparral” decía otra; y así así haciendo uso de ingenio competíamos con esmero por darles nombres sugestivos. Estrechábamos lasos nos hacíamos camaradas, nos erigíamos por propia decisión como hermanos… nos constituimos familia (Segunda lección).

Entrada ya una tarde… más oscuro que claro suena la sirena, nos llama a faena… pronto a juntar piedras a lo largo del muro que da a la av. Venezuela; la policía trataba de recuperar el control del colegio asaltando aquella barda, defenderíamos nuestra causa a punta de pedradas… logramos que desistan. Cuando hay razón justa o crees firmemente tenerla es deber defenderla y juntos todos…lo hicimos (Tercera lección).

Los días transcurrían; nos cortaron el servicio de agua y la situación se hacía cada vez más insostenible. Los baños hedían y escaseaban los alimentos; algunos de nuestros padres ya no nos abastecían con la esperanza que abandonásemos la causa. Tercamente  irreductibles nos sosteníamos en nuestro afán! Se acercaba el límite de nuestras fuerzas. El “loquito” Zúñiga abanderó nuestro rescate, a hurtadillas por la noche zaquearon el mercado de frutas de la Parada. Al día siguiente aliviaron nuestros desabastecidos estómagos con plátanos y naranjas cual manjares de lejana recordación. Donde está un “independiente” no desfallece otro “independiente”. (Cuarta lección).

Me contaron algo en íntima reflexión: El comando de Huelga negociaba los términos del levantamiento de la misma y un desgarbado imberbe de nuestro salón entre ellos. No hubo acuerdo alguno y abandonan la tratativa. Cubierto el rostro con su chompa gris creía aquel muchacho tener a  salvo su identidad y descendía parsimonioso por las gradas del segundo piso del pabellón central, se cruza en el trayecto con el director del plantel y este le increpa: “crees que tu improvisada cubierta de cara va a salvarte” y lo llama por su apellido… también lo amenaza. Cabizbajo y avergonzado por haber sido descubierto aquel compañero se jura a sí mismo no repetir aquel acto impropio, daría siempre la cara a partir de aquel incidente y asumiría sus actos sin importar las consecuencias. (Quinta lección).

La huelga concluyó una vez  pactadas  las condiciones de aquel acuerdo; las autoridades aceptaron la mayor parte de nuestras exigencias. Acto seguido todos ganamos la calle con el pecho henchido enarbolando nuestro orgullo juvenil, y en el frontis del colegio cantamos a pulmón lleno orgullosos nuestro himno…! Loor y gloria a los hombres de antaño que crearon nuestra aula inmortal…! Corrían  las lágrimas de lo puro viriles sin menoscabo por nuestra corta edad. En aquella lejana tarde nos graduamos de “INDEPENDIENTES” (sexta lección).


DE VUELTA AL REENCUENTRO CON LA PROMOCIÓN…

…Y así de entre recuerdo y recuerdo me succiona el presente, se impone la realidad…vuelvo a la reunión de la cual con mis pensamientos abandone por un momento…

SALUD! me dicen…salud contesto! La tarde está ya entrada… es hora de retirarse, mis hijos y mi esposa aguardan impacientes. Adiós muchachos nos vemos en la clase del recuerdo…. Cuídense no tomen pocooo!
Nos retiramos con mis hijos, yo con paso titubeante mi esposa a pie firme tomando mi brazo y esbozando una sonrisa protectora.
Se hacía de cargo de la situación.


EPÍLOGO

Han pasado 20 años de aquella retirada zigzagueante de las instalaciones de mi colegio…. En ese entonces no atiné a responder ni a explicarte hijo mío, el ¿cómo saldríamos de mi colegio? Ni el porqué de la inscripción en el muro, “El que entra en este colegio jamás sale de él”.

 Después de tan largo tiempo, un poco avergonzado por la tardanza deseo saldar aquella deuda pendiente, espero…

Por eso queridos hijos escribí estas líneas…por eso se las leo ahora, por Uds. y por mí, como queriendo explicar lo inexplicable,
…solo atiné a contarles hoy, algo de mis vivencias como alumno de mi colegio (lo vivido y lo sentido junto a mis queridos compañeros de promoción) con la secreta esperanza de que comprendan aquello que yo mismo no entiendo….

Hijos, concluí aliviado… ¡ese es mi colegio! ¡Esa es la “I”! Por eso “El que entra en este colegio jamás sale de él”.

¡…y no se preocupen, saldremos de mi colegio por donde entramos! (ruidosa risa festeja la singular exclamación).

AQP 17 de junio de 2020
-Dedicado a mi esposa e hijos que sin ser parte de mi alma mater comparten conmigo y hacen suyo este hermoso sentimiento. -Dedicado a mis compañeros de la promoción ’75 y a todos aquellos que son parte del colegio Independencia, los que están y los que ya partieron.

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