martes, 30 de junio de 2020
lunes, 29 de junio de 2020
Ensayo: Dr. Oscar P. Barreda Tamayo Promoción 1964
Dr. Oscar P. Barreda Tamayo
Promoción CNIA 1964
En cada edad se tiene una visión del mundo personal,
familiar y social; porque nuestras capacidades y necesidades son diferentes. En
el seguro entorno familiar de la Infancia, con hermanos y hermanas mayores
y menores me sentía
a gusto y protegido.
Hasta que las cosas cambiaron para bien en el nuevo
ambiente de la Primaria, porque
aprendí a leer, escribir, jugar en grupo con amigos y compañeros, y vivir
intensamente, con agradable sorpresa los progresivos y variados contenidos
desde la Transición, hasta el Quinto año. Las veces que con nostalgia he
regresado a mi Escuela Manuel Muñoz Najar, con sorpresa he notado que toda la
arquitectura, gradas, ventanas y las carpetas eran pequeñas, especialmente
diseñadas para niños.
Luego, en la Secundaria
tuve el privilegio, como mis hermanos mayores, de estudiar en el Glorioso
Colegio de la Independencia Americana, con sólida tradición, 14 años después
de la famosa Huelga Estudiantil de 1950, que devino
en la denominada Revolución de Arequipa, apoyada por los arequipeños, pero
duramente reprimida por el dictador de turno.
En la Universidad Nacional
de San Agustín me gradué de Psicólogo y Doctor en Filosofía; y con una beca
Fullbright Laspau, obtuve mi maestría en Estados
Unidos. Posteriormente, con otra beca en Japón seguí un postgrado con 30 Jefes de Personal de empresas peruanas.
Trabajé en la Consulta privada y en la Docencia
universitaria en varias Universidades del Perú, tanto en el Pregrado, como en
Maestrías, Doctorados y Postdoctorados; Y he participado en Congresos
Académicos nacionales e internacionales.
En este contexto, a mis 72 años, en el presente Ensayo, en retrospectiva pretendo analizar algunas
hipótesis sobre por qué ese período de
la Secundaria, a diferencia de la Primaria, Universidad y Postgrados, fue tan
especial y quedó marcado con mucho afecto, orgullo e identificación
auténticamente compartida, en todas las Promociones.
Rumbo al bicentenario el 2027, muchas generaciones en 193
años, han contribuido al servicio de la sociedad y sus familias, en todas las
profesiones y trabajos según su vocación, talentos y posterior especialización;
y cualquiera de ellos, puede dar
sentido y emocionado testimonio de la
especial influencia de su formación Independiente, que se comparte cada vez
que han desfilado en la Plaza de Armas o en el día del Colegio, recordando
anécdotas, o en estos tiempos, comunicándose digitalmente.
Examinemos algunas características de la adolescencia,
época de radicales cambios y comienzo
de la autonomía base para el progresivo paso a la juventud,
y mayor madurez personal que llevarán a la posterior etapa del trabajo las
siguientes cuatro décadas y su propia familia.
En este período
transicional se adolece
de la madurez suficiente, pero se es más
consciente de la realidad y su creciente autonomía en decisiones personales,
amicales y sociales; lo que lleva a crecientes conflictos y al descubrimiento
de personas de su edad que comparten sus dudas y con los que se puede explorar nuevos caminos, no siempre
todos seguros y si a conductas de alto riesgo como
el consumo de sustancias adictivas, problemas escolares o delincuencia.
Sin llegar a la educación militarizada de jerarquizada
obediencia vertical sin dudas ni murmuraciones; ni a la variada formación
religiosa basada en una excluyente fe; o políticamente ideologizadas de
sectaria concepción del mundo; o populares seguidoras de la curricula oficial,
memorista y sin trascendencia personal o social. Nuestra formación secundaria
Independiente marcó la diferencia.
Desde el Himno
del Colegio que siempre cantábamos y lo sabemos
de memoria, apenas escuchamos
las primeras notas unánimemente y con todas nuestras fuerzas empezamos “Loor y gloria a los hombres de antaño…” se mencionan,
en la letra oficial con coro y cinco estrofas
a 45 independientes de antaño. He allí
un valioso legado para que el adolescente se identifique, desde el primer
año. Y al mismo tiempo el coro termina
con… viril libertad… LIIIBEEERRRTAAADDD,
justo lo que el adolescente busca, responsable, pero libertad.
La enorme cantidad de alumnos, de todas las sangres, como diría Arguedas, y de todas las edades
del primero al quinto, hace 60 años en los años superiores había alumnos que ya
eran jóvenes, proporcionaban una muestra de comportamiento correcto, de
nuestros contemporáneos pares.
Por la disciplina, puntualidad, rendimiento académico y
conductual controlado por los Auxiliares de cada aula, así como los excelentes
Docentes de cada especialidad, la Libreta de Notas era el factor que depuraba a
los que reiteradamente desaprobaban tanto en Rendimiento como en Conducta.
De esta manera, quedaba un
mayoritario grupo selecto con el cual compartir la adolescencia y crecer juntos.
Con los compañeros afines practicamos deportes, jugábamos,
estudiábamos, conversábamos, contábamos nuestros problemas y éxitos, juntos
enfrentábamos injusticias y reclamábamos nuestros derechos, algunas veces
conocíamos nuestras familias, también peleábamos y nos trompeábamos; y cuando
representábamos en competencias a nuestro colegio, o desfilábamos, o en el
paseo de antorchas, se reconocía y apreciaba nuestra clara identidad
Independiente.
Durante los cinco años difíciles de la adolescencia, gracias al gratísimo ambiente del Colegio Independencia, pudimos pasar de nuestra pubertad
a la juventud con nuestra
familia; y junto a nuestros entrañables compañeros madurar bien, con valores
cívicos y personales, con capacidad de indignación frente a las injusticias, así como una definida y agradecida identidad que la mantenemos con satisfacción y orgullo todos los exalumnos, y en nuestra
promoción 56 años, hasta que dejemos de existir.
Una segunda hipótesis es que; dado que la Institución tiene
un valioso historial, es probable que la identificación popular con ese historial, refuerce
el sentido de pertenencia y particular orgullo compartidos.
Un ejemplo de solidaridad es la del pueblo arequipeño con
las justas demandas del alumnado que llegaron al límite de la Huelga. En
nuestra promoción 64, por lo menos un par de veces el 61 y el 63, era que
nuestros padres, enterados por la radio, masivamente acudían con palabras de
aliento, chompas, casacas y frazadas para pasar la noche y un poco de alimento
que compartíamos con los compañeros cuyos padres vivían muy lejos.
Al día siguiente, y por los días que duró la huelga, antes que llegaran
los policías y militares rodeando el colegio,
hicieron una bolsa común y compraron canastas de plátanos, vasos de chocolate
y bizcochos chancay, como desayuno para sostenernos durante el día.
Mientras otros grupos de padres se involucraban conversando
con las autoridades locales y nacionales e interponían sus buenos oficios para
que nuestra huelga estudiantil no se distorsionara y terminara en tragedia, ni
sufriéramos radicales expulsiones ni sanciones académicas.
Yo decidí quedarme con los compañeros, a pesar de que
recibiría una fuerte sanción de mis padres. En mi adolescencia sentí que ya era
capaz de tomar decisiones sobre mi vida. Por consiguiente, cualesquiera sean
las consecuencias, las afrontaría; y que tomar ese riesgo era lo correcto.
Para mi agradable sorpresa, desde el segundo piso, de
pronto en el grupo de la calle vi a mi padre, exalumno independiente,
alentándome y dándome noticias de mi madre y hermanos. Mis compañeros y yo no estábamos
solos, los arequipeños y nuestras familias también nos apoyaban.
Terminó la huelga, se consiguieron algunas demandas, entre
las que estaba un ómnibus para el colegio; posteriormente cuando lo vimos,
estallamos en gritos de felicidad, y pensaba que algún día abordaría ese trofeo
de guerra para sentir la grata sensación de ganador.
Me dije tiempo al
tiempo, ya llegará mi turno…que nunca llegó. Porque fue iluso pensar que su
limitada capacidad, no alcanzaba para todos los docentes, administrativos,
viajes de promoción y miles de alumnos. Algún día lo vi como vieja chatarra,
y pensé que en realidad
necesitábamos toda una flota de buses…
o renovarlo con la promoción, 46 años después.
Otra evidencia a esta segunda hipótesis se da en nuestra
promoción 64, así como se podría también mencionar con certeza, a cada una de
las demás promociones, todas sin excepción a favor de nuestra alma mater
Independiente.
De la biografía del compañero Ronald Arenas Córdoba,
tomamos resumidamente algunos hechos objetivos. Fue presidente de la Liga
Agraria de Arequipa, Decano del Colegio Médico Veterinario, Gerente
de Majes-Siguas II,
Gerente de Autodema. Y como compañero Independiente, fue
uno de los muchos apasionados dirigentes por cada aula en la mencionada huelga
de 1963.
Recientemente fallecido y a manera de homenaje póstumo,
resaltamos su positivo rol dirigencial de nuestra promoción, siendo muy querido
y proactivo presidente de la Promoción 40 años. Para el período 2020-2022
democráticamente hemos elegido al compañero Antonio Vargas Oblitas, activo
miembro de la Asociación de Exalumnos y eficiente motivador para la entusiasta participación nuestra en todos
los XXV Juegos Deportivos anuales, organizados
por las diferentes directivas de la Asociación.
En nuestras Bodas de Plata 1989, Sacamos
fondos con una pelea de toros en la
cancha de fútbol del colegio, y adquirimos un equipo de riego por aspersión,
mallas para los arcos, señalamiento para la pista atlética; donamos
6 colecciones de libros para
la biblioteca, y organizamos una Academia Preuniversitaria gratuita para nuestros
egresados independientes.
En nuestras bodas de Rubí 2004, concedimos premios pecuniarios a los mejores alumnos del primero al quinto; se adquirió un kit completo
de motor y accesorios
para volver operativo el ómnibus que conseguimos en la huelga de 63.
En nuestras bodas de Zafiro 2009, gestionamos ante el
gobierno regional, y 46 años después, logramos la adquisición de un nuevo
ómnibus para el Colegio.
En nuestras bodas de Oro 2014, con insumos donados
por el Gobierno Regional, y
la Promoción financiando su diseño en Arequipa y construcción en Lima, donamos el monumento del Visionario Libertador Simón Bolívar con 274 kilos de
bronce y 1.80 m. de altura, que hoy preside el Patio de Honor del Colegio.
En nuestras bodas de Esmeralda 2019, con el presidente de la
Asociación de Exalumnos 2017-2019 sacamos la Revista “Rumbo al Bicentenario del Colegio Nacional de la Independencia
Americana 1827-2027” con el apoyo de nuestra hermana de nacimiento, la
Universidad Nacional de San Agustín.
Si bien esta etapa de adolescencia llena de cambios hacia
la juventud, y mayor autonomía personal; así como el pertenecer al primer
Colegio Secundario de larga y meritoria tradición identificada con los
arequipeños, muchos de ellos exalumnos, explicarían en parte, esta especial
identificación entre los compañeros de las diferentes promociones, así como la identidad y el orgullo
por la pertenencia al Colegio Independencia, nuestra alma mater secundaria… faltaría una
reflexión sobre la situación actual, en tiempos de pandemia.
La adolescencia es hoy nativa digital, y domina
sus chats y redes sociales
como Facebook o Instagram; con facilidad manejan los juegos en línea
como fornite y muchas de sus amistades y relaciones, que se pueden
contar en miles y algunos millones de seguidores, se
comunican gracias a los celulares inteligentes cada vez más potentes y de
acceso universal las 24 horas del día, todos los días.
El tiempo y calidad de sus relaciones personales con sus
compañeros está disminuida en relación al predominio del contacto digital. Este
mayor conocimiento y conectividad, obviamente tiene sus ventajas por el acceso
directo a todo tipo de información en tiempo real;
pero, en desmedro
de las experiencias reales. Situación que se agrava ahora a nivel
mundial por la cuarentena que ya lleva
varios meses de clases virtuales, que favorecen el autoaprendizaje.
Las promociones presentes y futuras obviamente serán
diferentes, pero abrigamos la esperanza que se mantenga
la valiosa tradición
identitaria que hoy vivenciamos; esperando la siga
promocionando con legitimidad, renovada energía y creatividad, nuestra Asociación
de Exalumnos del Glorioso Colegio Nacional de la Independencia Americana.
Arequipa, 19 de
junio del 2020
Ensayo: Jorge Raúl Sotelo Salas Promoción 1963
Un Colegio en la Historia de la República
I
No hay duda que
la Pandemia del Coronavirus va a cambiar el mundo. Si el hombre no lo hace, al
parecer, un exosoma, sí lo conseguirá. Veremos los resultados en los siguientes
años, escenario que muchos de quienes estamos en ‘la tercera edad’, ya no
seremos testigos. Lo serán nuestros hijos, sobre todos nuestros nietos y
bisnietos.
Es el futuro, de
ellos y de la nación, lo que hoy nos debe preocupar. Por lo tanto, lo será
también la educación que están recibiendo y recibirán en el futuro.
Una de las
medidas adoptadas por el gobierno que preside, Martín Vizcarra (D. S. N°
006-2020MINEDU, 19/05/2020), es el sustituir la educación presencial de los
estudiantes pertenecientes a las instituciones educativas públicas (básica,
técnica y superior) por la denominada enseñanza a distancia mediante la
estrategia ‘Aprendo en casa’, dada la declaración de Emergencia Sanitaria del país
por la gravedad de la Pandemia del Coronavirus que se estima durará mientras
duren los riesgos de contagio.
Esta modalidad
de enseñanza de la educación básica (primaria y secundaria), consiste en la
entrega y uso de dispositivos informáticos y/o electrónicos denominadas por el
anglicismo ‘tablets’ a las Instituciones Educativas Públicas focalizadas
–incluido el implícito servicio de internet, según corresponda–, para la
prestación del servicio de educación virtual, las mismas que serán distribuidas
en número de 719 mil para los alumnos de 4to, 5to y 6to de primaria y de la
secundaria completa del ámbito rural más, 123,780 tablets, para los alumnos del
área urbana que se encuentran en el quintil uno y dos de pobreza. Se incluirá,
además, 97,8 mil tablets para los docentes involucrados en esta función. El
importe de dicha adquisición según anuncio oficial está estimada en 600
millones de soles, equivalentes a unos 177 millones de US$.
Sobre los Contenidos a divulgarse, según la Directiva N° 5 del 25/03/2020-MINEDU,
son una selección de recursos educativos elaborados por el Ministerio de
Educación ‘y de otros recibidos de
organización públicas y privadas, los mismos que podrán ser ajustados con la
retroalimentación de las secretarias de educación, docentes y directivos y del trabajo de las familias en casa’.
En esencia, según reza la aludida Directiva, los contenidos tienen la “misión de promover en los niños, niñas,
adolescentes y jóvenes, el desarrollo de las habilidades que más se necesitan
en este momento para preservar la vida y motivar aprendizajes que permitan
encontrar, en medio de esta situación, oportunidades para crecer, aprender,
conservar sus metas y salir fortalecidos de esta experiencia”.[1]
No hay aún una
seria evaluación sobre esta modalidad educativa adoptada, en parte porque
recién se está operativizando los equipos y el personal encargado de ponerla en
práctica, juicio o análisis que sí se vienen haciendo en Méjico, por ejemplo, a
pesar de la casi simultaneidad con que se hain puesto en práctica
dicha modalidad en ambos países. Otra razón, puede ser que la sorpresiva
ejecución de la modalidad, haya rebasado la capacidad de análisis de nuestros
contados especialistas en el tema de educación a distancia, modalidad muy usada
en los últimos años por casi todas las universidades peruanas además de
instituciones extranjeras, aunque movidas en su mayoría más por razones
comerciales que por reales propósitos de calificación profesional
especializada.
Éste, diría,
experimento urgido y obligado por la magnitud y rapidez de expansión del
Coronavirus, nos da pie para poner en la balanza el tema de la Educación de
nuestro país –a punto de cumplir su Bicentenario de su Independencia–, y
esbozar el futuro inmediato y mediato del Perú en términos de viabilidad y
sostenibilidad como nación.
II
Un propósito así
trazado obliga por lo tanto a remontarnos desde el inicio de la República, y de
cómo en ésta, la o las políticas educativas aplicadas en el transcurrir de
estos prácticamente dos siglos, la educación excluyente heredada de la Colonia,
en la República, pasó a ser discriminante y transitada por caminos inciertos,
ambiguos, y sin derroteros, lo que implicó ausencia de objetivos y metas de
mediano y largo plazo, por lo tanto, más sujeto al devenir político, que ha
sido testigo nuestro país, teniendo como testimonio en algunos casos,
excepcionales resultados individuales y también colectivos como es el del
historial de nuestro casi también bicentenario plantel.
Felipe Barreda y
Laos (1866 – 1973), catedrático y fundador de la Cátedra de Historia de América
de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a lo largo de su libro Vida Intelectual del Virreinato del
Perú[2] entre otra de sus obras, sostiene
que:
“Los dos grandes objetivos de la educación
colonial, fueron: conseguir la
sumisión política a la Monarquía y la sumisión religiosa a la Iglesia”[3]
Producida la
Independencia y el nacimiento de la República, Barreda y Laos, detalla hechos
históricos que demuestran esta falencia cuando no torpeza de quienes gobernaron
el país especialmente en sus primeras décadas:
“Atendiendo a la incultura del pueblo,
este Congreso (1823) dispuso que la condición de saber leer y escribir para
ejercer el derecho de ciudadanía no se exigiría sino desde 1840”[4].
Hablando de la élite gobernante de la República en sus inicios, Barreda,
agrega:
“Llegamos así a la vida republicana, sin
clase dirigente que mereciera el nombre de tal. Sin aptitud para el gobierno de
los directores del país, ¿qué podría esperarse y qué podíamos ser?”[5]
En párrafo siguiente, acota:
“Pero esa élite; esa clase dirigente que
hace falta, solo adquiere sus cualidades directoras con una educación sólida y
bien orientada de la cual carecimos”.
“Hemos vivido imitando: a España durante
la Colonia; a Inglaterra Francia y Alemania durante la vida azarosa de la
República”
“En la vida independiente, antes que un
ideal colectivo nos uniera; antes que un sentimiento nacional sincero y
profundo limitara las expansiones del egoísmo individual, comenzaron los
horrores de la guerra civil; en la anarquía, se ahondaron las divisiones; nos
acostumbramos a creer que el interés colectivo y el bien nacional nada valían, comparados
con la satisfacción egoísta de gobernar”[6].
José Carlos
Mariátegui (1894-1930), en su ensayo sobre el Proceso de la Instrucción Pública[7], con una visión más objetiva y
dialéctica, afirma:
“Tres influencias se suceden en el proceso
de la instrucción en la República: la influencia o mejor, la herencia española,
la influencia francesa y la influencia norteamericana. Pero solo la española
logra en su tiempo un dominio completo. Las otras dos se insertarán
mediocremente en el cuadro español, sin alterar demasiado sus líneas
fundamentales”[8]
En el subsiguiente párrafo, agrega:
“En el proceso de instrucción pública,
como en otros aspectos de nuestra vida, se constata la superposición de
elementos extranjeros combinados, insuficientemente aclimatados. No somos un
pueblo que asimila las ideas y los hombres de otras naciones, impregnándolas de
sus sentimientos y su ambiente, y que de esa suerte se enriquece, sin
deformarlo, su espíritu nacional. Somos un pueblo en el que conviven, sin
fusionarse aún, sin entenderse todavía, indígenas y conquistadores. La
República se siente y hasta se confiesa solidaria con el Virreinato. Como el
Virreinato, la República es el Perú de los colonizadores, más que de los
regnícolas. El sentimiento y el interés de las cuatro quintas partes de la
población no juegan casi ningún rol en la formación de la nacionalidad y de sus
instituciones”
La educación nacional, por consiguiente,
no tiene un espíritu nacional; tiene más bien un espíritu colonial y
colonizador. Cuando en sus programas de instrucción pública el Estado se
refiere a los indios, no se refiere a ellos como a peruanos iguales a todos los
demás. Los considera como una raza inferior. La República no se diferencia en
este terreno del Virreinato.”
España nos legó, de otro lado, un sentido
aristocrático y un concepto eclesiástico y literario de la enseñanza. Dentro de
este concepto, que cerraba las puertas de la Universidad a los mestizos, la
cultura era un privilegio de casta. El pueblo no tenía derecho a la
instrucción. La enseñanza tenía por objeto formar clérigos y doctores.”[9]
“El gobierno de 1831, que declaró la
gratuidad de la enseñanza, fundaba esta medida que no llegó a actuarse, en ‘la
notoria decadencia de las fortunas particulares que había reducido a
innumerables padres de familia a la amarga situación de no serles posible dar a
sus hijos educación ilustrada, malográndose muchos jóvenes de talento’ (2) Lo
que preocupaba a ese gobierno, no era la necesidad de poner este grado de
instrucción al alcance del pueblo. Era según sus propias palabras, la urgencia
de resolver un problema de las familias que habían sufrido desmedro de su
fortuna”[10]
Mariátegui,
incidiendo sobre la herencia que nos dejó España que se quedó estancada en el
Medioevo mientras el resto de Europa occidental avanzaba con su revolución
liberal y burguesa, cita al destacado jurista y crítico en materia de
educación, Manuel Vicente Villarán (1873-1958) con la siguiente descripción:
“Somos un pueblo donde ha entrado la manía
de las naciones viejas y decadentes, la enfermedad de hablar y de escribir y no
de obrar, de ‘agitar palabras y no cosas’, dolencia lamentable que constituye
un signo de laxitud y la flaqueza. Casi todos miramos con horror las
profesiones activas que exigen voluntad enérgica y espíritu de lucha, porque no
queremos combatir, sufrir, arriesgar y abrirnos paso por nosotros mismos hacia
el bienestar y la independencia. ¡Qué pocos se deciden a soterrase en la
montaña, a vivir en las punas, a recorrer nuestros mares, a explorar nuestros
ríos, a irrigar nuestros campos, a aprovechar los tesoros de nuestras minas!
Hasta las manufacturas y e comercio, con sus riesgos y preocupaciones , nos
atemorizan, y en cambio contemplamos engrosar año por año la multitud de los
que anhelan a todo precio la tranquilidad, la seguridad, el semireposo de los
empleos públicos y las profesiones literarias. En ellos somos estimulados,
empujados por la sociedad entera. Todas las preferencias de los padres de
familia son para los abogados, los doctores, los oficinistas, los literatos y
los maestros.”[11]
Si estos eran
los vientos en materia educativa del siglo XIX, en la joven República, León
Trahtemberg, Magister en Educación y actual miembro del Consejo Nacional de
Educación, hace una síntesis de la evolución de la educación peruana en el
siglo XX a partir de la normatividad legal expedida en todo el periodo
republicano.
Al inicio de su artículo, propiamente resume la realidad educativa peruana,
de la siguiente manera:
“Una revisión de las políticas y normas
legales referidas a la educación peruana en el siglo XX muestra que ha habido
numerosos intentos truncos y fracasados de reformar la educación, lo que ha
frustrado las expectativas nacionales de convertir la educación en un gran
motor de desarrollo económico y social peruano”.
En su Reflexión final sobre la Evolución de la Educación Peruana en el
siglo XX, Trahtemberg, puntualiza lo siguiente:
“Si se hace un análisis comparativo de le
educación peruana entre principios y fines de siglo XX, encontraremos como
constante el centralismo controlista, y como variables principales dos ejes que
se cruzan, uno ascendente y otro descendente. El ascendente corresponde a la
educación estatal gratuita, que se inicia con la primaria y actualmente abarca
desde la inicial hasta la superior. El descendente corresponde al
financiamiento per cápita, cada vez menor, aunque con un período de bonanza
entre los años 1950´s y 1960´s, asociado con el descenso de la calidad de la
educación, que está hermanada con el
deterioro de las condiciones de vida y profesionales de los docentes.
Éstos, de ser profesionales autónomos de las clases altas, hacia mediados de
siglo su extracción socio-económica han bajado a las clases medias y a fines de
siglo los encuentra en el limitado rol de obreros –pobres y dependientes– de la
educación”.
“A todo lo dicho se agrega la incapacidad
del estado para visualizar, diseñar e implementar un modelo educativo peruano
que responda a los requerimientos y posibilidades peruanas. Hemos sido
permanentes copiadores de modelos extranjeros y hemos pasado de estar en manos
de las misiones belgas, alemanas y norteamericanas, a depender de las prioridades
establecidas por los organismos de cooperación técnica y financiera
internacionales.
Sin embargo si se hace un análisis al
interior del siglo XX, década a década, encontraremos altos y bajos en el
financiamiento de la educación, en las propuestas reformistas, en las calidades
de los profesores. Es la falta de consistencia y continuidad de las propuestas
las que las han debilitado y diluido, con el consecuente deterioro que nos deja
a fines de siglo, al que llegamos con un notorio retraso frente a los países
líderes y con brechas educativas equivalentes a las que tuvimos a principios de
siglo”.[12]
III
En este panorama
desolador que reina sobre la educación peruana, ¿cómo es posible encontrar
personajes y hechos que reivindiquen la ausencia de un sistema educativo que
sirva de soporte a una nación en incertidumbre?
Si bien no
existe el soporte formador de conciencias libres y comprometidas con el
desarrollo y un mejor destino del que ahora formamos parte como nación, no hay
duda que serían los actos y
convicciones individuales las que
suplieron esta ausencia básica de una nación.
A pesar del
abuso y atropello que fueron objeto miles de miles nativos, mestizos, y
descendientes de esclavos negros y culíes orientales a lo largo de estos 200
años de vida ‘republicana’; a pesar de la esquilmación de que fueron objeto
nuestros recursos naturales que posibilitó la acumulación de capital de los hoy
grandes países desarrollados y sus corporaciones multinacionales; a pesar del
atropello y violación de peruanos y la mutilación de nuestro territorio por
parte del ejercito del país del sur estimulado por el capitalismo inglés.
Hay miles de
hombres, mujeres e incluso adolescentes y niños, con nombres propios o
anónimos, que con sus acciones dentro de esta adversidad política, económica,
social y cultural, que supieron con creces dar forma a esta nación que si bien
no ha culminado su proceso de constitución, en todo caso han sabido contener e
incluso vencer las mayores agresiones y superar los obstáculos de quienes
asumieron dirigir el país, sólo distinguieron el beneficio particular.
El testimonio
que avale lo señalado líneas arriba, será la existencia y aporte de un colegio
de esta parte del país que está por cumplir en los próximos siete años, su
bicentenario de existencia.
En su tránsito
de Simón Bolívar por Europa a la edad de 27 años, en 1810 tuvo oportunidad de
conocer al educador Joseph Lancaster en Londres, quien promovía la educación
pública, masiva y gratuita y con el menor número de profesores a través del
método ‘enseñanza mutua’, modalidad que posibilitaba la educación masiva a
través de los niños monitores, los más aplicados, quienes a su vez replicaban a
otros grupos lo aprendido a manera de una pirámide, siendo uno de sus
requisitos, la aplicación de una férrea disciplina en el aprendizaje.
Ya en su
condición de Libertador y comprometido con el futuro de los países libertados,
es la educación de los niños y jóvenes, varones y mujeres, una de las
prioridades que otorga en su paso por los países andinos liberados. En su paso
por el sur del Perú y a pesar del cuestionamiento que en Arequipa le hace la
Academia Lauretana, el 6 de agosto de 1825, en Puno, Bolívar ordenó la
fundación de varios colegios nacionales, siendo uno de ellos el Colegio de la
Independencia Americana.
Si hay alguna
fuente importante para hablar del historial del Colegio Independencia, esa es
la que escribió Horacio Morales Delgado (1893-1957), en su libro ‘Estampas de un Colegio Centenario’,
obra compuesta de un Liminar y 37 Estampas y que atestiguan los 33 años
que estuvo vinculado con el colegio bolivariano, ya sea como estudiante, una
década como docente y dieciocho años como Director.
Honorio Delgado
Espinoza, destacado médico psiquiatra y exalumno del Colegio, escribió en el
Prólogo del libro, lo siguiente:
“En Estampas, cobran realce de vida
esforzada y noble las figuras de los hombres que nos presenta Morales sobre el
fondo opaco de trabajo, dificultades y dolores, anexo al ambiente de la
institución que dirigió. Así, nos hace palpar el penoso contraste reinante entre
la excelencia y la abnegación de algunos maestros y funcionarios (hasta el
último portero pintado de manera maestra) y la incomprensión y la cicatería de
las partes llamadas a otorgar lo plausible; el contraste entre un discipulado
honesto, laborioso y entusiasta y la clandestina demagogia sectaria que al fin
desalienta y amarga al Director, hasta entonces indulgente con la travesura
estudiantil”.[13]
Horacio Morales
en su 3ra Estampa, ‘Fisonomía del Colegio en la vida de Arequipa’, luego de
hacer una referencia a la fundación del Colegio por Bolívar y reconocer el
inicial valioso aporte docente brindado por los miembros de la Academia
Lauretana que posibilitaron que sus promociones egresadas se insertaran
protagónicamente en la dinámica comercial e industrial de su lar, hace su
primera confesión testimonial:
“…el funcionamiento del colegio ha
permanecido algo así como al margen de la actividad social; su vida de
laboratorio educacional no interesaba mayormente a la ciudadanía de
engreimiento. Inclusive se le miraba con cierta extrañeza, como a sujeto
foráneo, acumulando contra él, frecuentemente temor y desdén. Así, la opinión
de la “sociedad Arequipeña” era adversa y el tejido de conjeturas y de chismes
truculentos colocaban al ‘conjunto independiente’ con atributos de singular
fiereza y herejía…”
Agrega, luego:
“De
todas maneras, no puedo olvidar que esta situación equivocada de Arequipa para
con su gran colegio era velada y socarronamente alimentada por algún un sector
de dirigentes y profesores con afán de lograrse aureolas heroicas de
amansadores, capaces de producir admiración y nombradía en los medios sociales.
De esta manera pueril se favorecía el prestigio cavernario que habíase
adjudicado a los alumnos “independientes”.14
En su 4ta Estampa, ‘El centenario del
Colegio’, Horacio Morales, refiere:
“Tengo
que insistir en la comprobación del fenómeno –único en el Perú–, de la
coexistencia de las instituciones de Arequipa con el Colegio Nacional de la
Independencia Americana y su vida enteramente inconexa y de la postura
indiferente –sin exageración– a veces hostil, por parte de aquellas; pese a que
el colegio fue siempre el mejor contribuyente para la ciudad de valores de
auténtica clases en personas y cosas. Nadie pudo desconocer jamás la actitud de
los profesores y de los alumnos mayores al ofrendar su sangre a la Patria en la
Guerra del Pacífico y de un Director suyo llevando a funcionar las clases en su
domicilio mientras el colegio era ocupado para menesteres de la contienda. Y
todos los arequipeños han sabido de siempre que las más altas personalidades de
figuración nacional y americana las ha dado el colegio en sus cuadros
estudiantiles. ¿Cómo podría explicarse, en tales condiciones, una convivencia
tan desarticulada, con signos de repelencia? ¿Idiosincrasia mesoandina, tal
vez? El caso es que el fenómeno influyó siempre y poderosamente para que el
colegio no hiciese trascender su vida cotidiana ni intentase intervenir en la
existencia ciudadana”.[14]
Morales finaliza esta estampa mencionando
el desaire que tuvo la ‘sociedad arequipeña’ en la actividad de cierre festivo
por el Centenario al ágape en el Club Internacional de Tiro al Blanco: “De los cien personajes invitados a comer de
nuestro pan y a gustar de nuestra sal, creo que apenas acudieron cuarenta. Hubo
disculpas escritas y telefónicas y no las hubo de ninguna forma… conducta que los profesores estimamos
vergonzosos en que las autoridades de primera fila y los presidentes de las
instituciones nos habían desairado”.
Cansado en su propósito de articular el
colegio con los conductores sociales de Arequipa, Morales testimonia su
frustración: “Entre tanto, el ensamblaje
deseado no se produjo. El Colegio de la Independencia Americana continuó tan
aislado como antes”.[15]
IV
En su discurso por el Centenario del
Colegio, Don Francisco Gómez de la Torre, declaró:
“El
Colegio de la Independencia Americana
fue, desde su fundación, el mantenedor de las ideas de libertad y de la
enseñanza sin prejuicios de la ciencia que ha explicado en sus aulas con el
honrado espíritu de buscar la verdad; aunque en su empresa tuviera que derribar
castillos de preocupaciones ajenas y muros de dogmatismos seculares. La vida
del Colegio siguió el ritmo de la vida de Arequipa cuando era esta ciudad el
centinela avanzado de las libertades públicas, el pueblo viril que imprimía
rumbos a la existencia nacional.”17
Y son precisamente esos genes sociales e ideológicos, la
Libertad, la Verdad, la Rebeldía, y la Justicia, surgidos de la discriminación,
el marginamiento, la improvisación y la sistemática corrupción que rigió en el
país durante doscientos años de República, los que condicionaron el
protagonismo de los jóvenes ya sea en el siglo XIX en la batalla del 2 de Mayo
o en la Guerra con Chile, y en el siglo XX, el reclamo de una mejor educación y
administración del colegio bolivariano.
Hay dos hechos históricos de los que nuestra generación
fuimos testigos, ya sea como infantes en la huelga del 50 o como adolescentes y
actores directos en la huelga de 1963.
Si bien las circunstancias de ambos hechos -aparte de otros
semejantes que antes, durante y después de esos años, igual hubieron actos de
rebeldía por temas afines-, que refiero, buscaban el mismo objetivo: permitir
la libertad de asociarnos, mejorar la calidad educativa y sancionar los actos o
personas que administraban mal los escasos recursos que el colegio percibía.
En estos movimientos juveniles de extracción popular y de
derecho pleno, tuvo su correlato colectivo de plena adhesión de la ciudadanía
ya sea de los gremios laborales, de los pequeños comerciantes, de los
profesionales liberales y, por supuesto, de los universitarios de San Agustín.
Si la dictadura en 50’ reprimió con sables y balas la
protesta juvenil cortando la vida de sus principales defensores, la del 63’ con
menos tragedia pero con mucha más adhesión juvenil de otros colegios de varones
y mujeres de Arequipa, todos sentíamos y reclamábamos una mejor educación, ya
sea en recursos económicos, como el cambio de algunas autoridades y como
símbolo de justicia ante la discriminación de la autoridad, la posesión de un
ómnibus escolar, que otros colegios públicos, con menos historia y mérito, por
entonces los poseían. Era el trofeo generacional que retribuía décadas de
indiferencia de quienes gobernaron el país y ejecutaban el mando centralista de
la Educación.
Teníamos sueños y utopías propias, y aunque no siempre con
total adhesión juvenil de los casi dos mil estudiantes, pero con su silencio
adolescente de seguro por la disciplina vertical de sus progenitores, sabían y
aceptaban que merecíamos tener una mejor educación para aspirar a un mejor
futuro en un mejor país.
V
Nuestra nación multiétnica, pluricultural y mega
biodiverso, ad portas del
Bicentenario de su Independencia, confronta casi los mismos males que hace
doscientos años confrontaba: la mala administración de nuestros recursos
naturales y culturales y la endémica corrupción sistemática reflejados ambos en
el mal estructural del atraso, pobreza y miseria, a la que se agrega la que hoy
nos tiene casi acorralados: la pandemia del coronavirus que ha derivado en la
educación a distancia con el auxilio de la tecnología que para el caso, pienso
que contribuye a desplazar aún más los pocos valores y logros que en forma
presencial se viene impartiendo.
Solo como referencia, cito lo siguiente: los resultados de
la Evaluación Nacional de Aprendizaje, 2018 de 4to de primaria[16],
fueron los siguientes: Satisfactorios, en Matemáticas 30,7% (rural 13,0%); y en
Comunicación-lectura 34,8% (rural 13,0%), lo que implica que a nivel país, solo
uno de cada tres alumnos obtiene un nivel satisfactorio de aprendizaje. En la
zona rural, el drama es aún mayor: en promedio, uno de cada 10 alumnos, logra
un grado satisfactorio de aprendizaje, que por lo demás, no les garantiza
tampoco un futuro alentador.
Se tiene que hacer un giro de 180 grados
en materia educativa.
Sólo la actividad agrícola y pecuaria doméstica,
especialmente de la sierra peruana, es una gran opción de aprendizaje para los
niños del campo si contasen con el apoyo adecuado de maestros y técnicos que
posibiliten no solo reconocer la importancia de sus predios sino y sobre todo
cuando jóvenes y adultos eleven la calidad y productividad de sus cultivos y
crianzas, como también experimentar alternativas –agricultura orgánica, por
ejemplo– que luego asociados en cooperativas comunales puedan no solo producir
y vender a las ciudades sino, además, incorporar valor agregado y abastecer al
mercado nacional o la exportación.
La biodiversidad es tal vez el otro potencial natural que
considero de igual o mayor magnitud que la minería, dado que la amplia gama de
flora y fauna que nos ubica como uno de los siete países mega diversos del
planeta, pueden servir de soporte para descubrir los elementos y principios
activos que contienen en su estructura biótica y ser objeto de utilización o
trasformación en lo que hoy se conoce, por ejemplo, los llamados productos
nutracéuticos y ramas diversas de la industria en general.
Y es que la mejor educación que se le puede brindar a los
niños y adolescentes a diferencia de la escuela moderna, funcional al mercado
–la más difundida por su propósito: hombre-trabajo–, es aquella que está
referido al desarrollo de las capacidades y habilidades del ser humano
vinculadas a su medio ambiente natural y que le servirá de soporte para el
logro de una óptima calidad de vida, sostenible en el tiempo.
Tanto la pandemia actual y otras futuras que puedan surgir
o el propio Cambio Climático por causas antropocéntricas que puedan volver
inhabitable nuestro planeta, obliga a mirar el futuro de las nuevas
generaciones bajo el concepto pluriversal de que el hombre es parte de la
naturaleza y que su supervivencia como tal en su condición de ser la especie
superior en la escala biológica del planeta, solo lo puede lograr si su
comportamiento está al servicio del planeta que habita y no como viene
ocurriendo hasta el presente, en que los elementos y recursos naturales,
incluso los miembros de su propia especie, son objeto de dominación,
apropiación e incluso extinción.
Jorge Raúl Sotelo Salas
Promoción 1963
[1] MINEDU: https://www.mineducacion.gov.co/1759/articles-394577_recurso_5.pdf, ANEXO
3 Sector Educativo al Servicio de la vida: Juntos para Existir, Convivir y
Aprender
[2] Barreda y Laos Felipe, Vida Intelectual del Virreinato del Perú, Universidad
Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 1964
[4]
Barreda y Laos Felipe, Ibíd., pág.
274
[5]
Barreda y Laos Felipe, Ibíd., pág.
276
[6]
Barreda y Laos Felipe, Ibíd., pág.
276
[7] Mariátegui, José Carlos, 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad
Peruana, Empresa Editora Amauta SA, Lima, 1972, Vigésimo Quinta edición.
[9]
Mariátegui, José Carlos, Ibíd., pág.
105 y 106
[11]
Mariátegui, José Carlos, Ibíd., pág.
108 y 109
[13] Morales Delgado Horacio, Estampas de un Colegio Centenario,
Editorial UNSA, Arequipa, Julio, 2008 14 Morales Delgado Horacio, Ibíd., pág. 22
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