jueves, 18 de junio de 2020

Cuento: promoción 1985 Wilbert Pumacayo Flores.

 Cuento del egresado de nuestra promoción Wilbert Pumacayo Flores.
Saludos y que sigan adelante con estos Juegos Florales.
La Comisión 1985

El primer día

Era un primero de abril, inicio del año académico de 1981.
Yo, un pequeño muchacho que habiendo concluido mi educación básica regular, iniciaba una nueva etapa escolar, la Secundaría. 
Me enfunde en mi uniforme único, el gris oscuro con camisa blanca manga corta, salí de la casa ubicada en la calle Piérola donde vivía en ese entonces y me dirigí al Colegio, con muchos temores e incertidumbres, nunca pise ese plantel y me dijeron que era muy grande y con mucho alumnado.  Era ya el medio día y cruce el Mercado San Camilo, Pizarro, el Complejo Nicolás de Piérola, tome la calle Dos de mayo y me topé con cientos de alumnos que se dirigían y salían de ahí. El horario de ingreso para mí, fue el primer choque con esta nueva etapa de estudio, siempre estudie de día y ahora lo iba hacer vespertinamente.
Ingrese por el Portón al Colegio, vi lo grande que era, ese patio que más parecía una avenida interna y que iba de norte a sur, las moles de los Pabellones Norte, Sur y el centro donde se ubicaba la Dirección.
Me veía empequeñecido ante este nuevo escenario y la multitud de jóvenes que como yo, venían a aprender y salir como mejores personas.
Escucho una sirena fuerte y todos los alumnos se fueron formando en el patio central, según el año de estudio, nosotros los nuevos nos acomodamos como pudimos en nuestro sector designado y unos profesores nos guiaban a ese emplazamiento.
La banda y la escolta iniciaron la ceremonia de apertura y durante los 5 años siguientes, los lunes siempre la banda y la escolta iniciaban la ceremonia de inicio, a los sones de la Marina siempre (Ese tema es sello indiscutido del Colegio, siempre que se oye fuera del Plantel la multitud grita ¡Ahí viene la iiiiii!).
Terminada la ceremonia, los alumnos de años superiores se dirigían a sus aulas respectivas y vaya novedad, había mujeres también dentro de esos años. A nosotros nos llevaron al frente del Pabellón Sur, éramos algo más de 500 alumnos, no conocía a nadie, algunos compañeros de mi escuelita también estaban ahí bastante dispersos y al igual que yo, nerviosos y temerosos. Pasaron los minutos y se presentó un profesor con mirada severa (era el Auxiliar Cueva) con su asistente un joven menudo (al que después llamaríamos Zankuokay, por el parecido con un actor de una serie popular en esos años). Ellos con la ayuda de otros profesores nos empezaron a seleccionar de acuerdo al tamaño y así empezamos a dividirnos y formar filas de los más altos a los pequeños y así los primeros ingresaron a la sección A, luego B, C y así sucesivamente. Fueron 12 secciones y los profesores se pasaron casi toda la tarde haciendo esa selección.
Entre a mi aula la sección B, que sería mi sección durante 5 años, ¡cinco años cuánto tiempo es, mucho! Me dije. 
Conocí a mis nuevos compañeros unos venían del Miguel, Grau, otros del Aire Libre, unos con dejo chacarero, seguro provenían de distritos como Socabaya, Sachaca y yo del Javier Sánchez; seriamos cómplices en esta nueva aventura, jugaríamos, reiríamos, pelearíamos a veces, otras nos escaparíamos para ir al Estadio Melgar a alentar a nuestro equipo de futbol: El Independencia frente a la Unidad, oriente era nuestra tribuna y las barras, Condorito, La huacachina, el chiquibum, INDEPENDENCIA RA, RA, RAAAA.Que tiempos idos.
La sirena sonaba de nuevo, era el recreo y prestos nos dirigíamos a los quioscos para devorar nuestro sanguche de papa arrebozado con encebollado y su gaseosa, deleite de los bolsillos estrechos, caminar, otros jugarse una pichanga breve porque el recreo duraba poco. Qué recuerdos.
La tarde se terminaba y el crepúsculo se asomaba, hora de terminar este primer día en la Independencia, una experiencia que me marcaria para siempre, soy ahora un Independiente, un alfeñique más y con una gran responsabilidad en manos, por la larga tradición del Plantel que cada profesor nos endilgaba y recordaba al inicio de las clases
Y claro también me olvidaba, estudiábamos unos más otros menos; unos por dedicación los más por el castigo. Buenos profesores para recordar el profe de Ingles Bustamante, por el hasta ahora me se varias palabras; el profe de Matemáticas Zeballos, el profe de Ciencias Naturales que antes del inicio de clases nos formaba y nos dirigíamos a los laboratorios de Biología donde impartía sus clases, peladito él y muy mayor; otro el profesor de Formación Laboral-Mecánica Automotriz chatito él pero que bravo para los dictados, toda su hora era una prueba al valor y resistencia porque terminábamos adoloridos el brazo por tanto esfuerzo físico y pobre del que se quedaba rezagado, no podía aprobar el curso.
 Y tantos otros que soy injusto en no mencionarlos porque la memoria me traiciona.
Esas aulas siempre estarán en mi corazón y en mi mente, las vivencias, la camaradería, el compartir, los compañeros, los profesores y auxiliares.
Se dice que la Universidad es la mejor etapa en la vida estudiantil de una persona, yo creo que no. Para mi será siempre el Colegio porque aquí conocí lo que es amar a mi país, amar a mi familia y amar a mi Colegio que es el orgullo de mi ciudad Arequipa.

QUIEN ENTRA A ESTE PLANTEL, JAMAS SALE DE ÉL. 

Eco. Wilbert Pumacayo Flores.
Promoción 85”



  

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