Cuento del egresado de nuestra promoción Wilbert Pumacayo Flores.
Saludos y que sigan adelante con estos Juegos Florales.
La Comisión 1985
El primer día
Era un primero de abril, inicio
del año académico de 1981.
Yo, un pequeño muchacho que
habiendo concluido mi educación básica regular, iniciaba una nueva etapa
escolar, la Secundaría.
Me enfunde en mi uniforme único,
el gris oscuro con camisa blanca manga corta, salí de la casa ubicada en la
calle Piérola donde vivía en ese entonces y me dirigí al Colegio, con muchos
temores e incertidumbres, nunca pise ese plantel y me dijeron que era muy
grande y con mucho alumnado. Era ya el
medio día y cruce el Mercado San Camilo, Pizarro, el Complejo Nicolás de
Piérola, tome la calle Dos de mayo y me topé con cientos de alumnos que se
dirigían y salían de ahí. El horario de ingreso para mí, fue el primer choque
con esta nueva etapa de estudio, siempre estudie de día y ahora lo iba hacer
vespertinamente.
Ingrese por el Portón al Colegio,
vi lo grande que era, ese patio que más parecía una avenida interna y que iba
de norte a sur, las moles de los Pabellones Norte, Sur y el centro donde se
ubicaba la Dirección.
Me veía empequeñecido ante este
nuevo escenario y la multitud de jóvenes que como yo, venían a aprender y salir
como mejores personas.
Escucho una sirena fuerte y todos
los alumnos se fueron formando en el patio central, según el año de estudio,
nosotros los nuevos nos acomodamos como pudimos en nuestro sector designado y
unos profesores nos guiaban a ese emplazamiento.
La banda y la escolta iniciaron
la ceremonia de apertura y durante los 5 años siguientes, los lunes siempre la
banda y la escolta iniciaban la ceremonia de inicio, a los sones de la Marina
siempre (Ese tema es sello indiscutido del Colegio, siempre que se oye fuera
del Plantel la multitud grita ¡Ahí viene la iiiiii!).
Terminada la ceremonia, los
alumnos de años superiores se dirigían a sus aulas respectivas y vaya novedad,
había mujeres también dentro de esos años. A nosotros nos llevaron al frente
del Pabellón Sur, éramos algo más de 500 alumnos, no conocía a nadie, algunos compañeros
de mi escuelita también estaban ahí bastante dispersos y al igual que yo,
nerviosos y temerosos. Pasaron los minutos y se presentó un profesor con mirada
severa (era el Auxiliar Cueva) con su asistente un joven menudo (al que después
llamaríamos Zankuokay, por el parecido con un actor de una serie popular en
esos años). Ellos con la ayuda de otros profesores nos empezaron a seleccionar
de acuerdo al tamaño y así empezamos a dividirnos y formar filas de los más
altos a los pequeños y así los primeros ingresaron a la sección A, luego B, C y
así sucesivamente. Fueron 12 secciones y los profesores se pasaron casi toda la
tarde haciendo esa selección.
Entre a mi aula la sección B, que
sería mi sección durante 5 años, ¡cinco años cuánto tiempo es, mucho! Me
dije.
Conocí a mis nuevos compañeros
unos venían del Miguel, Grau, otros del Aire Libre, unos con dejo chacarero,
seguro provenían de distritos como Socabaya, Sachaca y yo del Javier Sánchez;
seriamos cómplices en esta nueva aventura, jugaríamos, reiríamos, pelearíamos a
veces, otras nos escaparíamos para ir al Estadio Melgar a alentar a nuestro
equipo de futbol: El Independencia frente a la Unidad, oriente era nuestra
tribuna y las barras, Condorito, La huacachina, el chiquibum, INDEPENDENCIA RA,
RA, RAAAA.Que tiempos idos.
La sirena sonaba de nuevo, era el
recreo y prestos nos dirigíamos a los quioscos para devorar nuestro sanguche de
papa arrebozado con encebollado y su gaseosa, deleite de los bolsillos
estrechos, caminar, otros jugarse una pichanga breve porque el recreo duraba
poco. Qué recuerdos.
La tarde se terminaba y el
crepúsculo se asomaba, hora de terminar este primer día en la Independencia,
una experiencia que me marcaria para siempre, soy ahora un Independiente, un
alfeñique más y con una gran responsabilidad en manos, por la larga tradición
del Plantel que cada profesor nos endilgaba y recordaba al inicio de las clases
Y claro también me olvidaba,
estudiábamos unos más otros menos; unos por dedicación los más por el castigo.
Buenos profesores para recordar el profe de Ingles Bustamante, por el hasta
ahora me se varias palabras; el profe de Matemáticas Zeballos, el profe de
Ciencias Naturales que antes del inicio de clases nos formaba y nos dirigíamos
a los laboratorios de Biología donde impartía sus clases, peladito él y muy
mayor; otro el profesor de Formación Laboral-Mecánica Automotriz chatito él
pero que bravo para los dictados, toda su hora era una prueba al valor y
resistencia porque terminábamos adoloridos el brazo por tanto esfuerzo físico y
pobre del que se quedaba rezagado, no podía aprobar el curso.
Y tantos otros que soy injusto en no
mencionarlos porque la memoria me traiciona.
Esas aulas siempre estarán en mi
corazón y en mi mente, las vivencias, la camaradería, el compartir, los
compañeros, los profesores y auxiliares.
Se dice que la Universidad es la
mejor etapa en la vida estudiantil de una persona, yo creo que no. Para mi será
siempre el Colegio porque aquí conocí lo que es amar a mi país, amar a mi
familia y amar a mi Colegio que es el orgullo de mi ciudad Arequipa.
QUIEN ENTRA A ESTE PLANTEL, JAMAS
SALE DE ÉL.
Eco. Wilbert Pumacayo Flores.
Promoción 85”
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