viernes, 19 de junio de 2020

CUENTO: PROMOCIÓN 1995 RICHARD MEDINA VILLAGOMEZ


PROMOCION BODAS DE PLATA 1995-2020
AUTOR: RICHARD MEDINA VILLAGOMEZ
¿Y los demás dónde están?
- Rápido, rápido…gritaban
Mientras algunos vidrios caían rendidos ante la lluvia de piedras que los acosaba.
Allí estaba “mirada con truco”, el virolo que perdía peso cada año, saboreando su logro; al otro lado pude observar al “pulpo” que intentaba por segunda vez alcanzar el objetivo, pero no era una tarea fácil, no solo por su condición de manco, aunque normalmente para él nunca había sido una limitación, era un capo jugando ping pong o básquet y para pelearse ni hablar; pero con el tiro al blanco no le fue bien. El otro problema era la forma de construcción del colegio creado por Odría, que tenía una fachada principal y atrás los salones; me preguntaba porque no era como nuestro glorioso, fundado por Bolívar que mostraba orgulloso sus aulas del saber, tanto así que cuando pasamos por allí solían preguntar: ¿no te sientes más inteligente estando cerca de este templo de sabiduría? Definitivamente se había levantado un altar en América.
-Corran, corran, ahora era el coro que acompañaba a nuestra incursión justiciera.
A lo lejos se oía el sonido de sirenas que nos avisaba la presencia de la policía, nos dispusimos a correr mientras el tumulto se reorganizaba, salimos en diferentes direcciones, cada uno por donde creía estar más seguro.
Dentro de este grupo de justicieros, que fuimos a cumplir esa misión, había varios   compañeros de la vieja guarda, provenían de la Escuelita Almirante Miguel Grau o El Aire Libre, colegios donde estudiaban mayormente hijos de ambulantes que en la época de los 90 adornaban con su colorido el centro de la Ciudad Blanca. Pero para ser honestos al Glorioso Colegio Nacional de la Independencia Americana, venían de todas partes de Arequipa y de los diferentes estratos sociales, un pequeño universo era el colegio, había estudiantes con mucho poder adquisitivo y estaban allí por tradición; otros en cambio, a las justas veníamos con los pasajes.
-Mira, allí están los patrulleros dijo JC, señalando la parte baja de la Av. Mariscal Castilla.
El miedo una vez más me escoltaba, esa misma sensación de aquella nublada tarde del 91 cuando terminaba de leer la frase inmortal que aún deambula en mi cabeza “quien entra a este colegio jamás sale de él”, resonaban esas inquietudes y cabalgaban los recuerdos, habían transcurrido cinco años ya estábamos en el 95 y seguía intacto ese miedo.
Por alguna razón, varios coincidimos en el parque La Isla, estábamos satisfechos por lo que habíamos hecho y surgió la pregunta que nos acompañaría toda la tarde, ¿y los demás dónde están?
-Seguro que se confundieron y se entraron a estudiar, pero los más burros, sarcásticamente balbuceo el Condorito, mostrando otra de sus personalidades.
Se instaló la sonrisa general y las miradas cómplices que se dibujaban en los rostros de los alfeñiques, mientras seguían llegando los rezagados.
Algunos ya se habían echado en el parque, teníamos que ponernos de pie y continuar con el retorno prolongado hacia nuestro colegio. Nos sacudimos los pantalones que estaban con restos de grama, hojas y nos pusimos en marcha, cantando esos temas conocidos:
“Arroz con leche me quiero casar
Con una señorita de la Unidad
Que sepa lavar, que sepa cocinar
Y que sepa abrir la cama para…”
“Condorito digo yo, Condorito (Silbidos)
Dicen que ganamos, carajo, qué casualidad”.
Mientras cantábamos las risas se irradiaban por doquier hasta llegar a la Av. Venezuela, donde el revuelo de los bocinazos nos recibieron, íbamos caminando por las aceras y un viento suave nos acompañaba estábamos en el corazón del invierno.
Bajando por la universidad un policía nos regaló una mirada fría, rodeado de indignación seguramente había escuchado algo del problema.
-¡Sigan compañeros!, ¡avancen ya falta poco!, animaba uno de los hermanos Peralta, que luego se convertiría en curita, él que ponía en aprietos a los profesores. Tal vez ahora intentaba expiar acciones pasadas sirviendo a feligreses.
Recuerdo claramente qué el lunes durante toda la mañana se corría voces que el último viernes nuestros hermanos menores fueron agredidos por los “Burros” de la Unidad, cuando estaban en el estadio Melgar en una olimpiada escolar; muchos no entendíamos por qué en el turno mañana estudiaban 3ro., 4to. y 5to. Y en la tarde los menores, algunos decían que debía ser al revés.
Rondaban varias versiones de los hechos, cada uno iba incorporaba nuevos elementos sobre lo sucedido, durante los cambios de horas y el recreo se aprovechaba para hablar del tema, fue así como creció la indignación hasta llegar a la digna acción.
Sonó la alarma de salida y el brigadier general convocó a una reunión de alumnos para tratar el asunto de la agresión, para ese momento ya los ánimos estaban caldeados, algunos agredidos habían sido nuestros propios hermanos. Se inició la reunión con un informe detallado de los hechos. Después de escuchar algunos testimonios se empezó a orquestar el plan.
-       ¡Debemos vengarnos!, coreaban las voces
-       Tranquilos, dijo el brigadier, levanten la mano quienes estén con esa moción (Un mar de manos inundó la asamblea).
-       Está decidido la venganza, ahora hay que ver la forma, aclaró, nuevamente el brigadier.
El Dream Team de ajedrez que manejaba cuestiones de estrategia y táctica fueron los encargados de conducir la acción justiciera, iniciando con la frase “detrás de un independiente hay siempre un gran pensamiento”.
Partimos emocionados pasando las catorce horas cuando el sol nos golpeaba con toques suaves y regresaríamos al caer abruptamente la tarde; empezamos a llegar a cuentas gotas.
Al retornar la puerta del colegio nos parecía recibir con los brazos abiertos, algunos llegamos cansados; otros, más bien, animados. Nos dirigimos al patio central donde fue el epicentro de la indignación.
Allí tendríamos una asamblea como parte de los acuerdos que se establecieron antes de salir a buscar justicia y nuevamente la pregunta: ¿Dónde están los demás? En medio de las sombras la respuesta emergió:
-Están llegando, debemos esperar un poco más, manifestó el “Muerto” avivándose.
Mientras esperaba, observé, nuevamente, en medio del campo deportivo “Quién entra a este colegio jamás sale de él” una ráfaga de pensamientos inundo mi alma, venía constantemente la frase; ahora entiendo que no saldré jamás de este colegio, que palpita en mi corazón cada vez que escucho hablar de él y orgullosamente me siento más independiente que nunca.
A la mañana siguiente vimos los vidrios rotos de nuestro colegio, otra vez la palabra venganza nacía en nuestros pensamientos llegando a nuestros labios para explotar en nuestras manos…




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