viernes, 19 de junio de 2020

Cuento: Leonardo Miguel Zevallos Valdivia -Promoción 1997



“CIELO E INFIERNO EN TRES ACTOS”

Cuento presentado a los Juegos Florales 2020 de la AECNIA
Por: Leonardo Miguel Zevallos Valdivia
-Promoción 1997-
“Matadores”





DIA I – 13 de Julio de 1997
La cuadrilla estaba armada y era hora de salir. Con gusto los cuatro amigos esperaban la última sirena de la tarde, la que anunciaba que el día se había acabado. Subiendo al pabellón norte y limpiando lo que podían de los uniformes.
-¿Quien tiene escobilla?- preguntó Cusi. Sabían todos que solo uno tenía, pero ese aún no había llegado: El Jóse, así con mala entonación le llamaban, había algo extraño en el, la paz y seguridad de alguien a quien han enseñado muy buenos modales, a la antigua, pero también una cierta falta de viveza a la hora de responder y demasiada inocencia, lógicamente solo alguien así llevaba en su mochila una escobilla para lustrar los zapatos todos los días.
Jóse venía con Guevara, iba a ser su primera vez en la Soda; aunque Guevara no había sido invitado, los otros dos le miraron gesto torcido, pero no dijeron nada. Unas siete cuadras separaban el colegio de la Avenida La Salle y era una cuesta arriba llena de buses y bullicio. Pegados todos en una acera haciendo chacota se hizo el viaje rápidamente.
Cuando algún grupo de chicas probablemente del colegio que quedaba cerca al río o de algún otro sitio pasaba en cuadrilla a la par tratábamos de hacerles la conversación, pero entre risas por el atrevimiento siempre huían. Los que hacían de líderes eran Cusi y Guerra, quienes tenían ya actitud de mayores, aunque la misma edad que el resto, parecían ladrar órdenes entre risa y risa:
-Te hubieras lavado la cara al menos- ta mare’, le dijeron a Guevara.
-Hoy tocó ensayo general del desfile, y ya sabes que no había agua- Rezongó Guevara con cara de asco- Además la única agua pa’ lavarse es esa que se sale de la acequia al costado del estadio.
El olor a perfume rezumaba el aire como si hubiera un escape de gas. Cusi y Guerra conseguían muestras de perfume masculino, probablemente cogidas a sus madres quienes vendían “Yanbal”. Pero era un bien preciado que no iban a compartir con los otros.
-¿Oye Guerra ya estas con la negrita? – Pregunto Guevara – Quien había oído los comentarios de todo el salón, incluso en otros salones: Guerra había conseguido que “la Negrita”, se fijara en él y según decían les habían visto caminando por el Parque de la Universidad cogidos de la mano. La Negrita era una chica llegada de alguna parte de Lima, afrodescendiente e innegablemente la mas bella de “ La Soda”.
-¿A ti que te importa, care’sapo?. Guerra no disimuló su enfado. –Si no te lavas la cara, puta mejor no vengas -.
-¡Tarde, huevón! -Se defendió torpemente Guevara. – ¡Además mira! - Levanto el dedo y a escasos metros de “La Soda”, vimos a La negrita del brazo con un chico alto, notablemente mas blanco y pelo algo castaño con uniforme de un colegio pituco.
--Te la chifaron! Gritaron Cusi y Guevara. Guerra enrojeció y se quedó callado murmurando cosas inaudibles.
-Además hoy tocaba ver a la Carolina-. Dijo Guerra, fingiendo buen ánimo. Caminamos pasando de largo rumbo a la esquina.
‘La Soda’ era un pequeño restaurante en la esquina de dos avenidas, casi nadie entraba al restaurante pero el sitio donde todos los colegiales, a veces por cientos, iban a coger los carros y autobuses a sus casa en diferentes puntos de Arequipa, obviamente podrían cogerlos también en otro punto, pero ¿por qué no hacerlo en el tumulto y aprovechar para hacer vida social?
Llegaron al murete de la vuelta de la esquina. Estaban allí 5 chicas, entre ellas Carolina.
Carolina sonrió al Ver José, pero Guerra se adelantó a plantarle un forzado beso en la mejilla, mientras Cusi y Guevara se presentaban solos a las amigas de Carolina.
José miraba de lado a lado intranquilo, era la primera vez que le presentaban a una chica y no sabía que decir ni como caerle bien, para colmo Carolina era la primera chica que de veras le gustaba. Y parecía que Guerra se había empecinado en que sea su premio de consuelo.
-¿Quién es tu amigo? dijo Carolina.
-Este es el Jóse, te lo presento-, Así es su nombre, es el más angelito de la clase. Es el único caballerito y que le cae bien hasta al profe de religión que le llaman “El diablo”.
-Oe, saluda pue’, no hagas quedar mal- intervino Guerra, pues Jóse se había quedado paralizado y rojo como un tomate.
Jóse se movió lentamente y sin dejar de mirarla fijamente avanzó dos pasos y se tropezó chocando con Carolina y pisándole el pie.
-¡Au!  Dijo ella, mirándolo extrañada; avergonzado José retrocedió y mirándola fijamente a ella y luego a Guerra y salió corriendo en dirección contraria.
Guevara y Cusi se habían ido con las nuevas amigas a tomar cremolada. Cuando Guevara vió a Jóse pasar con la cara enrojecida. Dejo al grupo y salió en busca de José, lo encontró muy nervioso en la esquina de la Salle con Independencia:
-¿Tan rápido te vas a preparar la antorcha?- preguntó Guevara.
-Nada, si hago antorcha me prendo con ella. -Dijo Jóse.  Los amigos se contaron lo ocurrido.
-¡No pasa nada, compadre! La flaca es bonita, pero conocerás otras, yo te las voy a presentar,
¡tranquilo nomas huevón!
-No!, dijo Jóse. Esto es el infierno.
-Pasado mañana desfilamos, ahí después en la fiesta del colegio te voy a presentar a unas amigas de mi prima. – Dijo Guevara.
-Cuando era chibolo mis viejos no me dejaban salir – y desde que estamos en primero tengo que estar temprano en la casa, mis viejos no quieren que vaya a otros lados y me pierda, por eso nunca he venido a la Soda y nunca me han presentado a una flaca que no sea familia.- Dijo Jóse.
Ante esta confesión Guevara no supo que decir. Y enmudeció.
I-N-F-I-E-R-N-O. Dijo lentamente Jóse.






Dia II – 15 de Julio de 1997
Todos se levantaron temprano. Cada uno en su casa muy lejos el uno del otro no pudo dormir todo lo que quisieron, es el día del colegio y no se puede olvidar ningún detalle: insignia, escarpines, cordones, guantes. Hoy es único día que todos llevan escobilla para los zapatos.
Dan como las 10 :00 am. Y el colegio esta lleno de caras de todas las edades, miradas ceñudas y emotivas de viejos sabios, la fuerza de los jóvenes, padres que llevan de la mano a varios niños pequeños con una cristina alfeñique demasiado grande para sus cabezas. Abrazos, risas, emoción, solemnidad, alma de fiesta, todos lo sienten, pero explicarlo está mas allá de las palabras.
Llega el momento del desfile.  La banda arranca con: ‘La Marina de Guerra’, cada golpe de tambor será inolvidable con los años y quienes estamos presentes en este día lo sabemos.
-Vamos Jóse- ¡Hoy día hasta morir! - Dijo Guevara a Jóse.
Jóse asintió callado y serio.
Marcaron el paso en el sitio con el bombo al pie izquierdo. Y empezaron a bajar desde el coliseo, mientras hasta una cuadra mas arriba pequeños grupos de viejos amigos se abrazaban y compartían el vaso de cerveza, costaba imaginar un ambiente mas alegre y fraterno, era como si todo fuese perfecto.
-El cielo si existe debe ser un sitio así- lleno de amigos para siempre. Pensó para sí Guevara. Mientras cerraba los ojos y sentía de lejos el retumbar de tambores.
La Marcha comenzó y bajaron en redoblado primero y largos pasos de desfile al entrar desde la Victor Lira. Al ser Guevara y Jóse altos estaban en primera fila del batallón, mientras Guerra y Cusi estaban algunas filas mas atrás. Pero José estaba en el lado derecho, el que da al estrado.
Justo antes de entrar a la zona del estrado Guevara que acostumbraba mirar de soslayo a la gente que estaba de espectadores creyó ver a alguien conocido en aquel tumulto. Jóse que miraba gallardamente hacia adelante no se percataba de esos detalles.
Chispeantes como dos cuentas vió los ojos de Carolina que observaba a José con cara de emoción.
-Jóse. Dijo Guevara. -Jóse. Gritó, pues el ruido era muy alto.
Jóse no se inmutaba.
-Chapino e’ mierda! Le grito Guevara
- Jóse se dio la vuelta, pues esa era su chapa desde niño por sus cachetes rojos y solo Guevara la conocía.
-Mira a tu derecha huevón! - Dijo Guevara
José volteó y en un segundo su mirada se cruzó con la de Carolina, a la que miró fijamente. Por un momento, Guevara pensó que Jóse se quedaría otra vez petrificado echando a perder la formación. Pero este siguió marchando con una mirada diferente, una mirada de confianza y de seguridad en si mismo. Algo había pasado en ese segundo, y el desfile continuó.
-¡ La I, La I , La I- In-de-pen-den-cia, In-de-pen-den-cia, ¡Suas!, ¡Suas!, ¡Suas ! Cuando se acabó el ultimo grito. Los amigos se volvieron a reunir, apenas con aliento del desfile. Lo habían dado todo.
-¿Y el Jóse? Preguntaron Guerra y Cusi.
-No sé- Creo que estaba apurado. Dijo Guevara, sospechando donde estaría.
-Vamos con la clase para la foto-
En adelante los amigos siguieron juntándose para ir a “La Soda”. Y compartieron muchos momentos buenos hasta el fin de aquel año 1997. Sin embargo, José no volvió a la Soda. Ni tampoco vieron allí más a Carolina.

DIA III- 15 de Julio del 2017
Los tambores vuelven a redoblar, se oye de lejos, Guevara baja del taxi y corriendo se hace el nudo de la corbata, al trote le vienen a la mente veinte años de recuerdos, amigos, risas, chistes que aún le hacen reír, ¿Cómo se encontrarán las caras?, ¿Seré capaz de reconocer a todos? Y lo más importante: ¿Aguantaré todos los pasos de desfile?
-Empiezan a verse las caras conocidas – ¡Promoción – Promoción!.
- A los Años promito – Abrazos caen, Guevara llegó a tiempo y busca su formación entre risas y conversaciones, la sorpresa es mucha, pues lleva diez años sin poder desfilar el día de la I.
Un atisbo de pena recorre su semblante pues recuerda a Cusi, Guerra y sobretodo a Jóse al que no ha vuelto a ver desde que salieron del colegio.
Empiezan los redobles y desfilan las promociones, con orgullo y honor, con gallardía y fuerza. Se vuelve a sentir como aquel día hace veinte años. Pero lo guarda para si, solo lamenta que no haya a quien contárselo.
Empieza el desfile, el paso de desfile, cuesta pero se puede. Lo damos todo otra vez.
A la altura del estrado. Quizá por cansancio, quizá por el sol de frente en los ojos, Guevara bajó la mirada del frente y mira a su derecha, por un segundo parece que el tiempo no ha pasado, pues vuelve a ver un par de ojos como cuentas y además un para de cachetes rosados, casi rojos en una cara familiar.
Era Jóse, bastante más subido de peso, con Carolina mayor también pero innegablemente guapa, dos adolescentes chaposos y una niña pequeña en brazos.
Así, Guevara sonrió ante la ironía sabiendo que el cielo esta donde están tus amigos. Y que el corazón independiente hace amigos para siempre.




Autor: Leonardo Miguel Zevallos Valdivia
Promoción 1997.  “Matadores”. 5º C

Nota del autor: Esta historia tiene mucho de verdad y mucho de cuento. Por lo tanto los nombres reales de los personajes se han cambiado.

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