“CIELO E INFIERNO EN TRES ACTOS”
Cuento presentado a los Juegos
Florales 2020 de la AECNIA
Por: Leonardo Miguel Zevallos
Valdivia
-Promoción 1997-
“Matadores”
DIA I – 13 de Julio de 1997
La cuadrilla estaba
armada y era hora de salir. Con gusto los cuatro amigos esperaban la última
sirena de la tarde, la que anunciaba que el día se había acabado. Subiendo al
pabellón norte y limpiando lo que podían de los uniformes.
-¿Quien tiene
escobilla?- preguntó Cusi. Sabían todos que solo uno tenía, pero ese aún no
había llegado: El Jóse, así con mala entonación le llamaban, había algo extraño
en el, la paz y seguridad de alguien a quien han enseñado muy buenos modales, a
la antigua, pero también una cierta falta de viveza a la hora de responder y
demasiada inocencia, lógicamente solo alguien así llevaba en su mochila una
escobilla para lustrar los zapatos todos los días.
Jóse venía con Guevara,
iba a ser su primera vez en la Soda; aunque Guevara no había sido invitado, los
otros dos le miraron gesto torcido, pero no dijeron nada. Unas siete cuadras
separaban el colegio de la Avenida La Salle y era una cuesta arriba llena de
buses y bullicio. Pegados todos en una acera haciendo chacota se hizo el viaje
rápidamente.
Cuando algún grupo de
chicas probablemente del colegio que quedaba cerca al río o de algún otro sitio
pasaba en cuadrilla a la par tratábamos de hacerles la conversación, pero entre
risas por el atrevimiento siempre huían. Los que hacían de líderes eran Cusi y
Guerra, quienes tenían ya actitud de mayores, aunque la misma edad que el
resto, parecían ladrar órdenes entre risa y risa:
-Te hubieras lavado la
cara al menos- ta mare’, le dijeron a Guevara.
-Hoy tocó ensayo
general del desfile, y ya sabes que no había agua- Rezongó Guevara con cara de
asco- Además la única agua pa’ lavarse es esa que se sale de la acequia
al costado del estadio.
El olor a perfume
rezumaba el aire como si hubiera un escape de gas. Cusi y Guerra conseguían
muestras de perfume masculino, probablemente cogidas a sus madres quienes
vendían “Yanbal”. Pero era un bien preciado que no iban a compartir con los
otros.
-¿Oye Guerra ya estas
con la negrita? – Pregunto Guevara – Quien había oído los comentarios de todo
el salón, incluso en otros salones: Guerra había conseguido que “la Negrita”,
se fijara en él y según decían les habían visto caminando por el Parque de la
Universidad cogidos de la mano. La Negrita era una chica llegada de alguna
parte de Lima, afrodescendiente e innegablemente la mas bella de “ La Soda”.
-¿A ti que te importa, care’sapo?.
Guerra no disimuló su enfado. –Si no te lavas la cara, puta mejor no vengas -.
-¡Tarde, huevón! -Se
defendió torpemente Guevara. – ¡Además mira! - Levanto el dedo y a escasos
metros de “La Soda”, vimos a La negrita del brazo con un chico alto,
notablemente mas blanco y pelo algo castaño con uniforme de un colegio pituco.
--Te la chifaron!
Gritaron Cusi y Guevara. Guerra enrojeció y se quedó callado murmurando cosas
inaudibles.
-Además hoy tocaba ver
a la Carolina-. Dijo Guerra, fingiendo buen ánimo. Caminamos pasando de largo
rumbo a la esquina.
‘La Soda’ era un pequeño
restaurante en la esquina de dos avenidas, casi nadie entraba al restaurante
pero el sitio donde todos los colegiales, a veces por cientos, iban a coger los
carros y autobuses a sus casa en diferentes puntos de Arequipa, obviamente
podrían cogerlos también en otro punto, pero ¿por qué no hacerlo en el tumulto
y aprovechar para hacer vida social?
Llegaron al murete de
la vuelta de la esquina. Estaban allí 5 chicas, entre ellas Carolina.
Carolina sonrió al Ver
José, pero Guerra se adelantó a plantarle un forzado beso en la mejilla,
mientras Cusi y Guevara se presentaban solos a las amigas de Carolina.
José miraba de lado a
lado intranquilo, era la primera vez que le presentaban a una chica y no sabía
que decir ni como caerle bien, para colmo Carolina era la primera chica que de
veras le gustaba. Y parecía que Guerra se había empecinado en que sea su premio
de consuelo.
-¿Quién es tu amigo?
dijo Carolina.
-Este es el Jóse, te lo
presento-, Así es su nombre, es el más angelito de la clase. Es el único
caballerito y que le cae bien hasta al profe de religión que le llaman “El
diablo”.
-Oe, saluda pue’, no
hagas quedar mal- intervino Guerra, pues Jóse se había quedado paralizado y
rojo como un tomate.
Jóse se movió
lentamente y sin dejar de mirarla fijamente avanzó dos pasos y se tropezó
chocando con Carolina y pisándole el pie.
-¡Au! Dijo ella, mirándolo extrañada; avergonzado
José retrocedió y mirándola fijamente a ella y luego a Guerra y salió corriendo
en dirección contraria.
Guevara y Cusi se
habían ido con las nuevas amigas a tomar cremolada. Cuando Guevara vió a Jóse
pasar con la cara enrojecida. Dejo al grupo y salió en busca de José, lo
encontró muy nervioso en la esquina de la Salle con Independencia:
-¿Tan rápido te vas a
preparar la antorcha?- preguntó Guevara.
-Nada, si hago antorcha
me prendo con ella. -Dijo Jóse. Los
amigos se contaron lo ocurrido.
-¡No pasa nada,
compadre! La flaca es bonita, pero conocerás otras, yo te las voy a presentar,
¡tranquilo nomas
huevón!
-No!, dijo Jóse. Esto
es el infierno.
-Pasado mañana
desfilamos, ahí después en la fiesta del colegio te voy a presentar a unas
amigas de mi prima. – Dijo Guevara.
-Cuando era chibolo mis
viejos no me dejaban salir – y desde que estamos en primero tengo que estar
temprano en la casa, mis viejos no quieren que vaya a otros lados y me pierda,
por eso nunca he venido a la Soda y nunca me han presentado a una flaca que no
sea familia.- Dijo Jóse.
Ante esta confesión
Guevara no supo que decir. Y enmudeció.
I-N-F-I-E-R-N-O. Dijo
lentamente Jóse.
Dia II
– 15 de Julio de 1997
Todos se levantaron
temprano. Cada uno en su casa muy lejos el uno del otro no pudo dormir todo lo
que quisieron, es el día del colegio y no se puede olvidar ningún detalle:
insignia, escarpines, cordones, guantes. Hoy es único día que todos llevan
escobilla para los zapatos.
Dan como las 10 :00 am.
Y el colegio esta lleno de caras de todas las edades, miradas ceñudas y
emotivas de viejos sabios, la fuerza de los jóvenes, padres que llevan de la
mano a varios niños pequeños con una cristina alfeñique demasiado grande para
sus cabezas. Abrazos, risas, emoción, solemnidad, alma de fiesta, todos lo sienten,
pero explicarlo está mas allá de las palabras.
Llega el momento del
desfile. La banda arranca con: ‘La
Marina de Guerra’, cada golpe de tambor será inolvidable con los años y quienes
estamos presentes en este día lo sabemos.
-Vamos Jóse- ¡Hoy día
hasta morir! - Dijo Guevara a Jóse.
Jóse asintió callado y
serio.
Marcaron el paso en el
sitio con el bombo al pie izquierdo. Y empezaron a bajar desde el coliseo,
mientras hasta una cuadra mas arriba pequeños grupos de viejos amigos se
abrazaban y compartían el vaso de cerveza, costaba imaginar un ambiente mas
alegre y fraterno, era como si todo fuese perfecto.
-El cielo si existe
debe ser un sitio así- lleno de amigos para siempre. Pensó para sí Guevara.
Mientras cerraba los ojos y sentía de lejos el retumbar de tambores.
La Marcha comenzó y
bajaron en redoblado primero y largos pasos de desfile al entrar desde la
Victor Lira. Al ser Guevara y Jóse altos estaban en primera fila del batallón,
mientras Guerra y Cusi estaban algunas filas mas atrás. Pero José estaba en el
lado derecho, el que da al estrado.
Justo antes de entrar a
la zona del estrado Guevara que acostumbraba mirar de soslayo a la gente que
estaba de espectadores creyó ver a alguien conocido en aquel tumulto. Jóse que
miraba gallardamente hacia adelante no se percataba de esos detalles.
Chispeantes como dos
cuentas vió los ojos de Carolina que observaba a José con cara de emoción.
-Jóse. Dijo Guevara. -Jóse.
Gritó, pues el ruido era muy alto.
Jóse no se inmutaba.
-Chapino e’ mierda!
Le grito Guevara
- Jóse se dio la
vuelta, pues esa era su chapa desde niño por sus cachetes rojos y solo Guevara
la conocía.
-Mira a tu derecha huevón!
- Dijo Guevara
José volteó y en un
segundo su mirada se cruzó con la de Carolina, a la que miró fijamente. Por un
momento, Guevara pensó que Jóse se quedaría otra vez petrificado echando a
perder la formación. Pero este siguió marchando con una mirada diferente, una
mirada de confianza y de seguridad en si mismo. Algo había pasado en ese
segundo, y el desfile continuó.
-¡ La I, La I , La I-
In-de-pen-den-cia, In-de-pen-den-cia, ¡Suas!, ¡Suas!, ¡Suas ! Cuando se acabó
el ultimo grito. Los amigos se volvieron a reunir, apenas con aliento del
desfile. Lo habían dado todo.
-¿Y el Jóse?
Preguntaron Guerra y Cusi.
-No sé- Creo que estaba
apurado. Dijo Guevara, sospechando donde estaría.
-Vamos con la clase
para la foto-
En adelante los amigos
siguieron juntándose para ir a “La Soda”. Y compartieron muchos momentos buenos
hasta el fin de aquel año 1997. Sin embargo, José no volvió a la Soda. Ni
tampoco vieron allí más a Carolina.
DIA
III- 15 de Julio del 2017
Los tambores vuelven a
redoblar, se oye de lejos, Guevara baja del taxi y corriendo se hace el nudo de
la corbata, al trote le vienen a la mente veinte años de recuerdos, amigos,
risas, chistes que aún le hacen reír, ¿Cómo se encontrarán las caras?, ¿Seré
capaz de reconocer a todos? Y lo más importante: ¿Aguantaré todos los pasos de
desfile?
-Empiezan a verse las
caras conocidas – ¡Promoción – Promoción!.
- A los Años promito –
Abrazos caen, Guevara llegó a tiempo y busca su formación entre risas y
conversaciones, la sorpresa es mucha, pues lleva diez años sin poder desfilar
el día de la I.
Un atisbo de pena
recorre su semblante pues recuerda a Cusi, Guerra y sobretodo a Jóse al que no
ha vuelto a ver desde que salieron del colegio.
Empiezan los redobles y
desfilan las promociones, con orgullo y honor, con gallardía y fuerza. Se
vuelve a sentir como aquel día hace veinte años. Pero lo guarda para si, solo
lamenta que no haya a quien contárselo.
Empieza el desfile, el
paso de desfile, cuesta pero se puede. Lo damos todo otra vez.
A la altura del
estrado. Quizá por cansancio, quizá por el sol de frente en los ojos, Guevara
bajó la mirada del frente y mira a su derecha, por un segundo parece que el
tiempo no ha pasado, pues vuelve a ver un par de ojos como cuentas y además un
para de cachetes rosados, casi rojos en una cara familiar.
Era Jóse, bastante más
subido de peso, con Carolina mayor también pero innegablemente guapa, dos
adolescentes chaposos y una niña pequeña en brazos.
Así, Guevara sonrió
ante la ironía sabiendo que el cielo esta donde están tus amigos. Y que el
corazón independiente hace amigos para siempre.
Autor:
Leonardo Miguel Zevallos Valdivia
Promoción
1997. “Matadores”. 5º C
Nota del autor: Esta historia tiene mucho de
verdad y mucho de cuento. Por lo tanto los nombres reales de los personajes se
han cambiado.
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