ENSAYO JUEGOS FLORALES AECNIA 2020
EL DURO CAMINO DE LA “I”
El 6 de agosto de 1825, Felipe Santiago
Estenós, secretario de Simón Bolívar dirige una comunicación al prefecto de
Arequipa, don Antonio Gutiérrez de la Fuente, expresando: “Su excelencia el
Libertador, cuyas ideas no se proponen en el Perú otro objeto que la felicidad
de los departamentos, jamás ha olvidado el de Arequipa. Me manda decir a Ud.
Que reuniendo en la municipalidad a los individuos de la Academia y otros
ciudadanos honrados proponga vuestra señoría los establecimientos de ciencias y
artes, salubridad pública y demás que contribuyan al adelanto y felicidad del
departamento”.
Gracias a esta autorización se tramitaron
diversas gestiones, se unificaron esfuerzos de intelectuales y políticos de
entonces. Se logró con ello que un 15 de julio de 1827 se inicie en actividades
el Colegio General de Ciencias y Artes de la Independencia Americana, en los
claustros del Convento de San Agustín.
Se consolidaba con ese acto, uno de los
anhelos más caros que persiguió a Bolívar en su admirable campaña por los
países que liberó, dotar de centros de educación, cultura y formación para el
pueblo, que no tenía acceso a los colegios y escuelas existentes por el aspecto
económico.
La primera plana de profesores estuvo
conformada por: Santiago O’Phelan (Religión), Rafael Evaristo Barriga (Lengua
Latina y Castellana), Juan Gualberto Valdivia (Filosofía y Matemáticas), Tadeo
Chávez (Derecho Natural de Gentes e Internacional), Andrés Martínez (Derecho
Civil y Patrio), José María Corbacho (Bellas Letras), Manuel Amat y León
(Economía Política), Leonardo Navas (Medicina), José María Adriazola Y Arve
(Anatomía y Cirugía) y José de Recabarren (Dibujo).
Sobre la base de estos docentes se echó a
andar el proyecto bolivariano, para dar luces a los jóvenes y sacarlos de las
tinieblas de la ignorancia.
Desde entonces, el Colegio Nacional de la
Independencia Americana ha influido notablemente en la vida de nuestra blanca
ciudad. Pero no todo fue júbilo ni emoci´0on pasajera. Citamos lo que escribió
el gran director Horacio Morales:
“Sin embargo de la efectividad de su valor y
de la eficiencia comprobada de sus resultados; pese a que en su cuerpo docente
han actuado personajes de auténtica selección nacional –José María Corbacho, el
Deán Valdivia, Andrés Martínez, José María Quimper, Toribio Pacheco, Francisco
García Calderón, Montesinos, Carlos Rubén y Juan Manuel Polar, Francisco Gómez
de la Torre– por sólo citar algunos; no obstante que sus promociones de alumnos
formaron siempre las mayorías universitarias e invadieron permanentemente todas
las actividades bancarias, comerciales e industriales de la población, el
funcionamiento del Colegio ha permanecido algo así como al margen de la actividad
social; su vida de laboratorio educacional no interesaba mayormente a la
ciudadanía de engreimiento. Inclusive, se le miraba con cierta extrañeza, como
a sujeto foráneo, acumulándose contra él, frecuentemente, temor y desdén. Así,
de conjeturas y de chismes truculentos colocaban al conjunto “independiente”
con atributos de singular fiereza y herejía; …” (1).
Con este acertado apunte del gran ‘Zambote’
Morales, comprobamos que no siempre fuimos los favoritos en Arequipa. Había
intereses, de unos y otros, por rebajar y mostrar indiferencia hacia la
tesonera y destacada gestión que se empezó a gestar en las aulas alfeñiques.
Por ello, es importante comprender por qué
ha sido duro el camino que han recorrido nuestros hermanos mayores, alumnos y
profesores. Sin embargo, poco a poco la I” fue capturando el corazón de
Arequipa. Con largos y continuados tiempos de trabajo que el pueblo reconoce
unánimemente. Porque a buenos maestros, correspondían inquietos alumnos, con
espíritu inconforme, actitud exigente, audacia y actividad.
Así pues, paulatinamente, la ciudadanía
conocería que: “Aquellos fundadores fueron los primeros patriotas de Arequipa,
los de la Academia Lauretana, que estuvieron saturados de enciclopedismo y que
formularon los derechos del hombre y del ciudadano del Perú proclamados ya en
plena Revolución Francesa pero que en ningún momento dejaron de ser cristianos …”
“Y si no fuera suficiente lo dicho para
acreditar la categoría y la acción del Independencia Americana en el servicio
común y nacional, seguro estoy de que bastará la noticia del sacrificio de
vidas juveniles y adolescentes arrancadas de sus entrañas: las de los
profesores jóvenes y de los alumnos que en la Guerra del Pacífico defendieron
el honor de la Patria …” (2).
Con este conocimiento e información, la “I”
se convirtió en el “alma colectiva” de Arequipa. Se insertó en la idiosincrasia
de los mistianos, de los “lonccos”, de las picanterías, de los bohemios, de los
músicos, de los artistas pero también, de los intelectuales que salieron de sus
aulas.
Al evocar lo antaño no podemos dejar de
mencionar a algunos personajes que salieron de sus claustros y salones de
clase, como Hipólito Sánchez Trujillo, Pedro Paulet, Francisco Mostajo, Jorge
Vinatea Reinoso, Teodoro Núñez Ureta, Pedro Luis Gonzales Pastor, Benigno
Pareja Zúñiga, Guillemo Pomareda Vildoso, Adrián Bellido, Américo ‘Brujo’
Urday, Eduardo ‘Soroca’ Somocurcio, Ricardo Valderrama, Jorge Azpilcueta Zúñiga
y mezclados todos ellos con los que ofrendaron a su querido colegio tenemos,
pues, al colegio “de los mil y un recuerdos”.
La “I” es ahora, nuevamente, una esperanza,
una posibilidad, no incierta, porque ha demostrado una virtud y vocación de
reinventarse. De sacar fuerza de la flaqueza y renacer hasta de sus cenizas
como el ave fénix. Es una hermosa comunidad fraternal, solidaria y permanente.
En las buenas y en las malas. Eso también nos legaron los mayores como parte de
la Ética y Moral alfeñique.
No olvidamos, ayer como hoy, a los bravos
muchachos deportistas, a quienes transitaron sus mejores horas en la banda de
guerra y de música, a quienes siendo miembros de la escolta siempre les quedaba
un tiempo para hacer alguna palomillada.
Finalmente, faltando 7 años para celebrar
nuestro bicentenario en el 2027, se torna vital dejar a quien corresponda, una
posta de proyección mundial, porque alfeñiques hay en todos los continentes.
Para entonces, la humanidad estará en otro rumbo, más promisorio, más optimista
y mejor preparada.
Ese es nuestro signo y es, sin lugar a
dudas, el hálito y el soplo que nos dio Bolívar.
(1), (2)
Morales Delgado, Horacio, Estampas de un colegio centenario, edit. Empresa Tip.
“Salas e Hijos”, Arequipa, 1960.
Marco Calle Olivera, Cayma, 12 de junio 2020.
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