viernes, 19 de junio de 2020

Ensayo: Aldo Reymer Medina Suclla Promoción 1980 5to “E”


A LA LUZ DE MEDIA DECADA

INTRODUCCIÓN
Mi padre, hijo de un agricultor, mejor dicho de un chacarero o loncco como se les conocía antes en Arequipa, fue el menor de tres hermanos, al igual que su hermano fue estudiante del Colegio Nacional de la Independencia Americana, para esa época no todos tenían la fortuna ni el deseo de estudiar, debido a que los padres, no estaban muy dispuestos a obligar a que sus hijos terminasen la etapa escolar hasta concluir el quinto de secundaria, la mayoría se conformaba con estudiar hasta donde les permitiese las ganas, con saber leer y escribir para muchos eran suficiente, ya que al parecer tenían en mente como la mayoría, heredar las tierras de los padres para continuar sembrándolas, para la época fue una actividad relativamente rentable siempre que fuesen responsables y tengan tierras cultivables con agua suficiente, lo que permitía tener para mantener una familia y gozar de algunas comodidades.

Mi padre termino la secundaria en nuestro colegio, nunca supe si fue un buen estudiante, sin embargo, lo que sí puedo afirmar es que fue bastante disciplinado y minucioso y puedo dar fé que tenía una letra muy bien escrita, de él recuerdo mucho las anécdotas que me contaba, en una oportunidad narro que en una chacra cerca al actual local del colegio, se estaban agarrando a trompadas dos alumnos del colegio, el famoso “la chocas para la salida”, un camayo que estaba cerca al reconocer a uno de los peleadores como hijo de un chacarero de Tiabaya, expresó el siguiente comentario, que se va a meter Arequipa con Tiabaya, pensando que el rival del muchacho de Tiabaya era de Arequipa, en eso un tío que estaba presente, compañero de estudios de mi padre, le contestó ¡acaso en Chiguata no se come mote! a lo que el camayo respondió, con razón la pelea esta buena; también me comentaba de los apodos que les ponían a sus profesores, las vivencias en las aulas, los buenos profesores que había, exigentes, con buena capacitación, con personalidad para enseñar a los alumnos que en esa época muchos tenían en quinto de secundaria más de 21 años, ésta y muchas anécdotas mas era común que mi padre me las comente, de todos estos comentarios quiero incidir en uno que me parece además de importante determinante para el acontecer actual, los muy buenos profesores que había en los colegios nacionales, es por ello y seguro basado en ese recuerdo mi padre se empeñó que yo también estudie en nuestro emblemático y querido colegio.
DESARROLLO
Cuando mi padre me propuso matricularme en “la I”, como era común  referíamos al colegio, cuál era su deseo yo estuve de acuerdo ya que un colegio como la Independencia Americana no me era indiferente, pues desde la primaria en los diferentes desfiles escolares me llamaba la atención el color del uniforme de la banda de música del colegio, sobre todo esa gran insignia de cuero, que destacaba nítidamente en el pecho de los “alfeñiques”,  en esa época la mayoría de estudiantes estaban uniformados con el uniforme único impuesto por el gobierno militar, es decir todos los alumnos de los colegios nacionales; después de matricularme compre mi insignia en la calle puente Bolognesi en la tienda de la curtiembre Pedro P. Díaz.

En el mes de marzo de 1976, como de costumbre empezaban las clases en todos los colegios nacionales, el primer día íbamos llegando y poco a poco, el patio central se fue llenando, hasta que antes de las 8 am comenzamos a formar por secciones y años, para luego cantar el himno nacional y escuchar las palabras de recibimiento del señor director, el profesor Rene Peraltilla Chire, posteriormente nos dirigimos a las aulas, cuando ingresé al que sería mi salón en el primer año de secundaria, conjuntamente con mis compañeros íbamos eligiendo las carpetas, busque una en la tercera fila y me acomode, así llego el auxiliar de profesores nos dio algunas indicaciones y posteriormente el profesor, salimos al primer recreo, quise conocer todo el colegio pero no pude hacerlo en un solo recreo, a la semana recién pude recorrer casi todos los ambientes, me causo grata impresión la extensión de la instalación, es un colegio muy grande, además de la cantidad de alumnos; yo venía de un colegio de primaria pequeño y muchos de mis amigos de primaria eligieron otros colegios, por lo que inicialmente me sentía solo, pero también nacía un interés natural porque iba a conocer nuevos amigos, vi a mis nuevos compañeros y con el transcurrir de los días fuimos conociéndonos, luego al pasar los días debido a una mayor afinidad o cercanía por el lugar de donde veníamos, fue naciendo una amistad que hasta el día de hoy perdura.

La educación pública[1], es el sistema nacional educativo de cada país, que está gestionado por la administración pública (gobierno) y sostenido por los impuestos, por lo general comprende la planificación, supervisión o ejecución directa de planes de estudio y educación escolarizada de diversos niveles académicos, que no excluye a niveles preescolares o superiores que no se consideren obligatorios; debe tener como objetivos la accesibilidad de toda la población a la educación y generar niveles de instrucción deseables para la obtención de una ventaja competitiva; esta definición un poco engorrosa y que tal vez hoy este más distante, de lo que estuvo de nosotros en nuestra época escolar, sirve para que particularmente pueda afirmar, que los que tuvimos el honor de forjar nuestros destinos en esa “aula inmortal” de la cual habla nuestro himno, no nos podamos quejar, porque tuvimos la suerte de contar con la mayoría de los elementos esenciales para una buena educación escolar, allá los que no supieron aprovechar.

Tengo la firme convicción que recibimos una buena capacitación (enseñanza),  pero también disciplina, respeto y sobre todo los padres de familia estaban convencidos que los profesores no solo debían ensenar diversas asignaturas, sino inculcar respeto, educación y eso hoy ya no existe, considero que se debe a que los Estados (El Perú) han perdido lo que Max Weber[2], expresa en la obra “La política como vocación”, este economista y sociólogo alemán define al Estado como una entidad la cual tiene un monopolio sobre el uso del poder legítimo coercitivo en un territorio determinado, pasemos a ver, que entendemos por política?, el concepto no solo se refiere a la actividad de un Estado, o sobre la dirección de una asociación política, es tan amplio que puede estar referido a cualquier género de la actividad directiva autónoma, desde la política de un banco, la política escolar de una ciudad o una aldea, hasta la política de una esposa para gobernar a su marido, esto que esta expresado en la obra en mención, lo debemos entender de la siguiente manera, el cómo? queremos manejar, algo, alguien, entidad, ente, etc., hoy y desde hace unos años podemos observar que el Estado ha disminuido ese poder legítimo coercitivo para con la población, el Estado ha cedido ese poder ante el incremento de valoración de los derechos, que no está mal, pero no debió irse al extremo, los entendidos afirman “que todo extremo es malo” y no dejan de tener razón, cuando el Estado no puede controlar las diferentes manifestaciones en contra de alguna política que aparentemente favorece a la mayoría, el común de ciudadanos afirmamos que la policía ha perdido el respeto general por algunos actos de corrupción, no deja de tener algo de razón, pero en realidad más que la corrupción lo que le quita la autoridad al policía es la falta de apoyo del Estado (gobierno), a través de leyes o con la indiferencia y poco respaldo, sigamos, lo mismo ocurre con el control de la delincuencia, hoy ésta, es una seria amenaza a nuestro país, conjuntamente con la corrupción deben ser, las que más daño le hacen al país, para alcanzar el ansiado desarrollo y bienestar general y nuevamente nos preguntamos el Estado no hace nada?, ya no puede hacer mucho porque para que las personas hagan caso además del convencimiento debe existir un factor coercitivo (el legítimo uso de la fuerza), también tenemos que en ese avance de los derechos, hoy en día solo legalmente están en el mismo nivel, los deberes con respecto a los derechos, pero técnicamente privilegiamos los derechos; hoy somos propulsores de los derechos humanos, existe una corriente de defensa de los derechos humanos de las personas, en muchos casos defendemos los derechos de los delincuentes pero nos olvidados de los derechos de la víctima, según mi humilde entender estamos privilegiando al hombre sobre la sociedad y es en este punto donde comenzamos a fallar.

Además, hay otra variable que debemos atender, en la década del 1970 hacia atrás se concebía a la mayoría de hogares en donde el hombre trabajaba, normalmente a horario partido es decir almorzaba en casa con la familia, la mujer se ocupaba de la casa, de los hijos, sus necesidades, tareas, su educación (aceptación, respeto, gratitud, cuidado, modales, asertividad, amigos, etc.), estaba garantizada por la presencia de los padres y complementada por los profesores, hace años este modelo se ha reducido al mínimo, hoy ambos progenitores por necesidad tienen que salir a trabajar en horarios más largos y exigentes por lo que los hijos no interactúan con los padres, estos no ven el desenvolvimiento diario de los niños y por lo tanto se ha perdido control sobre los hijos.

Si el Estado ha perdido ese factor coercitivo, con mucha mayor razón las instituciones subordinadas, una de ellas la familia, los padres ya no puede corregir como era con nosotros, las madres que normalmente se quedaban en casa, corregían probablemente mejor que el padre, acordémonos “espera que llegues a la casa”, “ya vas a ver”, las correas, los látigos de tres puntas,  las cachetadas, jalones de orejas y cabello, etc., nos llevaban por buen camino, seguramente habrá habido uno que otro exceso; hoy a cuantos padres los denuncian por corregir a sus hijos, es un abuso que los padres castiguen físicamente y corrijan a sus hijos, en las aulas los profesores no solo enseñaban  temas de letras, ciencias y artes, también corregían a los alumnos, acaso no hubo uno que otro golpe de regla en las palmas de las manos, un jalón de patillas y como no sus buenos cocachos, que los padres de ese entonces (años 70, 80) veían con beneplácito y felicitaban a ese tipo de profesores; hoy es muy poco probable que un profesor actué así, porque el escolar abusando de sus derechos se quejara a los padres y estos lejos de indagar sobre el hecho materia de la queja, le dan la razón a los hijos, entonces se crea una indiferencia natural de parte de los profesores, es decir los alumnos han perdido por partida doble, ya no los corrigen en casa y tampoco en el colegio, se ha perdido una dualidad complementaria que educaba a los alumnos.

Al ser Arequipa capital de la segunda ciudad del país, mis compañeros y yo tuvimos la oportunidad de estudiar en condiciones favorables, en vista que el país ha sido y sigue siendo un Estado centralista que privilegia las principales urbes con los adelantos y beneficios según la época, además de ser el colegio nacional de la Independencia Americana, en la década del 70 uno de los mejores colegios, sino el mejor de Arequipa, debido a la fortuna de tener instalaciones adecuadas de disfrutar de buenos maestros, algunos mejores que otros, honestamente no recuerdo un profesor mediocre, todos estaban a la altura de su profesión.

Recuerdo que en esa época no había muchos colegios particulares en Arequipa, seguro lo mismo pasaba a nivel nacional, destacaban entre todos los colegios tres o cinco, no más, la mayoría nos educamos en colegios nacionales porque infiero que los padres de familia, pese a que algunos podían pagar una educación privada, preferían los colegios públicos porque percibían que brindaban una buena educación y si existía una diferencia con respecto a los colegios particulares no era determinante en el balance académico.

hoy en cambio hay muchísimos colegios particulares en todo el país y lamentablemente no todos brindan una buena educación sin embargo la mayoría se aprovecha de la falta de oferta estatal y de la equivocada percepción de muchos padres de familia que piensan que los colegios particulares son mejores que los nacionales,  esta percepción en la mayoría de casos no es cierta.

Esta educación pudo ser mejor sino se cruzan en nuestros años de estudios dos grandes huelgas magisteriales, (tercero y cuarto de secundaria), de más de tres meses, que lamentablemente no permitieron que los alumnos de los colegios nacionales recibiéramos toda la capacitación que corresponde a la malla curricular escolar, con la consiguiente preocupación de nuestros padres y nosotros porque eran los últimos años de vida escolar y aquellos que pensábamos en desarrollar estudios superiores no íbamos a estar a la altura de las exigencias académicas de las universidades y centros superiores, sin embargo y sin temor a equivocarme, creo que la mayoría de nosotros supimos hacer frente a las exigencias (debido a la enseñanza recibida) y logramos acceder a una profesión, pero al margen de esta situación creo también que la mayoría somos personas de bien, es una regla que en todo grupo humano siempre hay excepciones, a los cuales no quiero juzgar y menos señalar, porque no todos tuvimos la suerte de tener el apoyo de la familia, igual son y serán nuestros compañeros de promoción a los cuales se les recuerda con afecto.

Hoy lamentablemente no existen colegios nacionales tan buenos como los de antes, la oferta estatal no es adecuada a la demanda poblacional, proliferan los colegios particulares sin ningún tipo de control, en desmedro de la educación de los alumnos lo que trae como consecuencia una diminución de oportunidades a la población escolar, esta situación sumada a la falta de presencia de los padres y el desinterés de los profesores por educar y solo limitarse a enseñar los temas académicos que corresponden a sus asignaturas, han creado una tasita indiferencia que perjudica la capacitación de la mayoría de alumnos.

 Quiero también expresar algunas anécdotas con mis compañeros, recuerdo que en primer año teníamos un compañero, cuyo apellido no voy a divulgar, cuyas orejas  además de grandes eran medias caídas por lo que normalmente recibía una serie de apodos que causaban risa y como no podía ser, si no te defendías o ponías un hasta aquí corrías el riesgo que te agarren de “punto” y seas el centro de las burlas del aula, hasta que un día lunes, lo recuerdo claramente porque se sentaba al costado de mi carpeta; esa mañana se sentía un olor no común en el aula, todos nos mirábamos, sin decir nada, a la llegada del profesor igual percibió el olor y también pregunto, nadie le respondió por lo que dispuso que se abran las ventanas, mi compañero el que se sentaba al costado de mi carpeta curiosamente estaba sentado en la última fila del aula hasta que un compañero que se encontraba al costado de él, al momento de salir al primer recreo, divulgo el motivo del olor, además que notamos que mi compañero tenía algo raro en la cabeza, lo que sucedió fue que ante tanta burla mi compañero no tuvo mejor idea de pegarse las orejas con terokal, lejos de evitar las burlas, más bien las incremento y también el famoso ¡chócala para la salida! lo que acarreaba que al final de las clases los que quisieran nos dirigíamos a la altura de la carpintería por el internado para luego trenzarse a golpes, quien gane o pierda quedaba en la anécdota.

Fueron pasando los años, en tercero de secundaria, en una oportunidad el profesor de literatura nos dejó como tarea realizar una composición sobre una vivencia individual, a la cual no debíamos colocar nuestro nombre, si no firmarla con un seudónimo, el día que el profesor de literatura reviso los trabajos, el mejor trabajo tuvo un premio, al cual se hizo merecedor un compañero bastante aplicado, quien tenía el respeto de todos nosotros sin embargo al divulgar el seudónimo, el cual era “El modesto” y saber quién era, todos en el aula al unísono rompimos en una carcajada que hasta ahora recuerdo, junta con la cara roja de bochorno de mi compañero, un gran profesional el día de hoy.

Para el quinto de secundaria, un poco más maduros, conversamos de diferentes cosas, en los recreos ya comentábamos de las amigas, las enamoradas y también de nuestras experiencias con los tragos, algunos de nosotros alardeábamos que ya “nos metíamos nuestras huascas” los fines de semana y así una serie de comentarios relacionados con temas de adultos, como no podía faltar teníamos un compañero que creía hacernos creer que tomaba sus tragos a diario, para darle solides a su versión no tuvo mejor idea que todas las mañanas antes de salir de su casa con dirección al colegio se tomaba o por lo menos mojaba los labios con anís y como vivía cerca, cuando llegaba lo primero que hacia es acercarse a los más “movidos” del aula  para que oliesen el tufo, luego se sentaba al fondo de la clase y fingía dormir, gran parte del año se pasó haciendo esa mozonada, hasta que se dio cuenta que a nadie le importaba porque el interés despertado inicialmente había pasado.

Ese paso por el colegio nunca lo he olvidado, al contario es motivo de orgullo expresar que soy exalumno del Colegio Nacional de la Independencia Americana.       





CONCLUSIONES

-       Los profesores de la década del 70 estaban mejor motivados y sobre todo capacitados para instruir y educar a los alumnos de los diferentes colegios.
-       Los legisladores en el Perú no han privilegiado legislar para favorecer la educación, mientras no haya normas legales que obliguen a los diferentes gobiernos a trabajar y avanzar de manera cuantificable en diferentes aspectos dentro de los cuales tiene que estar la educación, no sabremos en qué medida avanzamos.
-       La educación estatal ha disminuido notablemente sus capacidades.
-       Falta de incentivo para revalorar la carrera docente, además las autoridades deben de incrementar la autoridad del profesor en el aula.
-       Se tiene que trabajar de manera efectiva contra la corrupción en todos los niveles de gobierno.
-       No hay un trabajo conjunto de los tres poderes del Estado, cada uno busca privilegiar sus intereses.








Aldo Reymer Medina Suclla
 Ex alumno Promoción 1980
                   5to “E”



[1] Es Wikipedia.org wiki educación_ pública.
[2] Max Weber, 1919 la política como vocación

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