A LA LUZ DE MEDIA DECADA
INTRODUCCIÓN
Mi padre, hijo de un
agricultor, mejor dicho de un chacarero o loncco como se les conocía antes en
Arequipa, fue el menor de tres hermanos, al igual que su hermano fue estudiante
del Colegio Nacional de la Independencia Americana, para esa época no todos
tenían la fortuna ni el deseo de estudiar, debido a que los padres, no estaban
muy dispuestos a obligar a que sus hijos terminasen la etapa escolar hasta
concluir el quinto de secundaria, la mayoría se conformaba con estudiar hasta
donde les permitiese las ganas, con saber leer y escribir para muchos eran
suficiente, ya que al parecer tenían en mente como la mayoría, heredar las
tierras de los padres para continuar sembrándolas, para la época fue una
actividad relativamente rentable siempre que fuesen responsables y tengan
tierras cultivables con agua suficiente, lo que permitía tener para mantener
una familia y gozar de algunas comodidades.
Mi padre termino la secundaria
en nuestro colegio, nunca supe si fue un buen estudiante, sin embargo, lo que
sí puedo afirmar es que fue bastante disciplinado y minucioso y puedo dar fé que
tenía una letra muy bien escrita, de él recuerdo mucho las anécdotas que me
contaba, en una oportunidad narro que en una chacra cerca al actual local del
colegio, se estaban agarrando a trompadas dos alumnos del colegio, el famoso
“la chocas para la salida”, un camayo que estaba cerca al reconocer a uno de
los peleadores como hijo de un chacarero de Tiabaya, expresó el siguiente
comentario, que se va a meter Arequipa con Tiabaya, pensando que el rival del
muchacho de Tiabaya era de Arequipa, en eso un tío que estaba presente,
compañero de estudios de mi padre, le contestó ¡acaso en Chiguata no se come
mote! a lo que el camayo respondió, con razón la pelea esta buena; también me
comentaba de los apodos que les ponían a sus profesores, las vivencias en las aulas,
los buenos profesores que había, exigentes, con buena capacitación, con
personalidad para enseñar a los alumnos que en esa época muchos tenían en
quinto de secundaria más de 21 años, ésta y muchas anécdotas mas era común que
mi padre me las comente, de todos estos comentarios quiero incidir en uno que
me parece además de importante determinante para el acontecer actual, los muy
buenos profesores que había en los colegios nacionales, es por ello y seguro
basado en ese recuerdo mi padre se empeñó que yo también estudie en nuestro
emblemático y querido colegio.
DESARROLLO
Cuando mi padre me propuso
matricularme en “la I”, como era común
referíamos al colegio, cuál era su deseo yo estuve de acuerdo ya que un
colegio como la Independencia Americana no me era indiferente, pues desde la
primaria en los diferentes desfiles escolares me llamaba la atención el color
del uniforme de la banda de música del colegio, sobre todo esa gran insignia de
cuero, que destacaba nítidamente en el pecho de los “alfeñiques”, en esa época la mayoría de estudiantes estaban
uniformados con el uniforme único impuesto por el gobierno militar, es decir
todos los alumnos de los colegios nacionales; después de matricularme compre mi
insignia en la calle puente Bolognesi en la tienda de la curtiembre Pedro P.
Díaz.
En el mes de marzo de 1976,
como de costumbre empezaban las clases en todos los colegios nacionales, el
primer día íbamos llegando y poco a poco, el patio central se fue llenando,
hasta que antes de las 8 am comenzamos a formar por secciones y años, para luego
cantar el himno nacional y escuchar las palabras de recibimiento del señor
director, el profesor Rene Peraltilla Chire, posteriormente nos dirigimos a las
aulas, cuando ingresé al que sería mi salón en el primer año de secundaria,
conjuntamente con mis compañeros íbamos eligiendo las carpetas, busque una en
la tercera fila y me acomode, así llego el auxiliar de profesores nos dio
algunas indicaciones y posteriormente el profesor, salimos al primer recreo,
quise conocer todo el colegio pero no pude hacerlo en un solo recreo, a la
semana recién pude recorrer casi todos los ambientes, me causo grata impresión
la extensión de la instalación, es un colegio muy grande, además de la cantidad
de alumnos; yo venía de un colegio de primaria pequeño y muchos de mis amigos
de primaria eligieron otros colegios, por lo que inicialmente me sentía solo,
pero también nacía un interés natural porque iba a conocer nuevos amigos, vi a
mis nuevos compañeros y con el transcurrir de los días fuimos conociéndonos,
luego al pasar los días debido a una mayor afinidad o cercanía por el lugar de
donde veníamos, fue naciendo una amistad que hasta el día de hoy perdura.
La educación pública[1], es el sistema nacional
educativo de cada país, que está gestionado por la administración pública
(gobierno) y sostenido por los impuestos, por lo general comprende la
planificación, supervisión o ejecución directa de planes de estudio y educación
escolarizada de diversos niveles académicos, que no excluye a niveles
preescolares o superiores que no se consideren obligatorios; debe tener como
objetivos la accesibilidad de toda la población a la educación y generar
niveles de instrucción deseables para la obtención de una ventaja competitiva;
esta definición un poco engorrosa y que tal vez hoy este más distante, de lo
que estuvo de nosotros en nuestra época escolar, sirve para que particularmente
pueda afirmar, que los que tuvimos el honor de forjar nuestros destinos en esa
“aula inmortal” de la cual habla nuestro himno, no nos podamos quejar, porque
tuvimos la suerte de contar con la mayoría de los elementos esenciales para una
buena educación escolar, allá los que no supieron aprovechar.
Tengo la firme convicción que
recibimos una buena capacitación (enseñanza),
pero también disciplina, respeto y sobre todo los padres de familia
estaban convencidos que los profesores no solo debían ensenar diversas asignaturas,
sino inculcar respeto, educación y eso hoy ya no existe, considero que se debe
a que los Estados (El Perú) han perdido lo que Max Weber[2],
expresa en la obra “La política como vocación”, este economista y sociólogo
alemán define al Estado como una entidad la cual tiene un monopolio sobre el
uso del poder legítimo coercitivo en un territorio determinado, pasemos a ver,
que entendemos por política?, el concepto no solo se refiere a la actividad de
un Estado, o sobre la dirección de una asociación política, es tan amplio que
puede estar referido a cualquier género de la actividad directiva autónoma, desde
la política de un banco, la política escolar de una ciudad o una aldea, hasta
la política de una esposa para gobernar a su marido, esto que esta expresado en
la obra en mención, lo debemos entender de la siguiente manera, el cómo?
queremos manejar, algo, alguien, entidad, ente, etc., hoy y desde hace unos
años podemos observar que el Estado ha disminuido ese poder legítimo coercitivo
para con la población, el Estado ha cedido ese poder ante el incremento de
valoración de los derechos, que no está mal, pero no debió irse al extremo, los
entendidos afirman “que todo extremo es malo” y no dejan de tener razón, cuando
el Estado no puede controlar las diferentes manifestaciones en contra de alguna
política que aparentemente favorece a la mayoría, el común de ciudadanos
afirmamos que la policía ha perdido el respeto general por algunos actos de
corrupción, no deja de tener algo de razón, pero en realidad más que la corrupción
lo que le quita la autoridad al policía es la falta de apoyo del Estado
(gobierno), a través de leyes o con la indiferencia y poco respaldo, sigamos,
lo mismo ocurre con el control de la delincuencia, hoy ésta, es una seria
amenaza a nuestro país, conjuntamente con la corrupción deben ser, las que más
daño le hacen al país, para alcanzar el ansiado desarrollo y bienestar general
y nuevamente nos preguntamos el Estado no hace nada?, ya no puede hacer mucho
porque para que las personas hagan caso además del convencimiento debe existir
un factor coercitivo (el legítimo uso de la fuerza), también tenemos que en ese
avance de los derechos, hoy en día solo legalmente están en el mismo nivel, los
deberes con respecto a los derechos, pero técnicamente privilegiamos los
derechos; hoy somos propulsores de los derechos humanos, existe una corriente
de defensa de los derechos humanos de las personas, en muchos casos defendemos
los derechos de los delincuentes pero nos olvidados de los derechos de la
víctima, según mi humilde entender estamos privilegiando al hombre sobre la
sociedad y es en este punto donde comenzamos a fallar.
Además, hay otra variable que
debemos atender, en la década del 1970 hacia atrás se concebía a la mayoría de
hogares en donde el hombre trabajaba, normalmente a horario partido es decir
almorzaba en casa con la familia, la mujer se ocupaba de la casa, de los hijos,
sus necesidades, tareas, su educación (aceptación, respeto, gratitud, cuidado,
modales, asertividad, amigos, etc.), estaba garantizada por la presencia de los
padres y complementada por los profesores, hace años este modelo se ha reducido
al mínimo, hoy ambos progenitores por necesidad tienen que salir a trabajar en
horarios más largos y exigentes por lo que los hijos no interactúan con los
padres, estos no ven el desenvolvimiento diario de los niños y por lo tanto se
ha perdido control sobre los hijos.
Si el Estado ha perdido ese
factor coercitivo, con mucha mayor razón las instituciones subordinadas, una de
ellas la familia, los padres ya no puede corregir como era con nosotros, las
madres que normalmente se quedaban en casa, corregían probablemente mejor que el
padre, acordémonos “espera que llegues a la casa”, “ya vas a ver”, las correas,
los látigos de tres puntas, las
cachetadas, jalones de orejas y cabello, etc., nos llevaban por buen camino,
seguramente habrá habido uno que otro exceso; hoy a cuantos padres los denuncian
por corregir a sus hijos, es un abuso que los padres castiguen físicamente y
corrijan a sus hijos, en las aulas los profesores no solo enseñaban temas de letras, ciencias y artes, también
corregían a los alumnos, acaso no hubo uno que otro golpe de regla en las
palmas de las manos, un jalón de patillas y como no sus buenos cocachos, que
los padres de ese entonces (años 70, 80) veían con beneplácito y felicitaban a
ese tipo de profesores; hoy es muy poco probable que un profesor actué así,
porque el escolar abusando de sus derechos se quejara a los padres y estos
lejos de indagar sobre el hecho materia de la queja, le dan la razón a los
hijos, entonces se crea una indiferencia natural de parte de los profesores, es
decir los alumnos han perdido por partida doble, ya no los corrigen en casa y
tampoco en el colegio, se ha perdido una dualidad complementaria que educaba a
los alumnos.
Al ser Arequipa capital de la
segunda ciudad del país, mis compañeros y yo tuvimos la oportunidad de estudiar
en condiciones favorables, en vista que el país ha sido y sigue siendo un
Estado centralista que privilegia las principales urbes con los adelantos y
beneficios según la época, además de ser el colegio nacional de la
Independencia Americana, en la década del 70 uno de los mejores colegios, sino
el mejor de Arequipa, debido a la fortuna de tener instalaciones adecuadas de disfrutar
de buenos maestros, algunos mejores que otros, honestamente no recuerdo un
profesor mediocre, todos estaban a la altura de su profesión.
Recuerdo que en esa época no había muchos
colegios particulares en Arequipa, seguro lo mismo pasaba a nivel nacional,
destacaban entre todos los colegios tres o cinco, no más, la mayoría nos
educamos en colegios nacionales porque infiero que los padres de familia, pese
a que algunos podían pagar una educación privada, preferían los colegios
públicos porque percibían que brindaban una buena educación y si existía una
diferencia con respecto a los colegios particulares no era determinante en el
balance académico.
hoy en cambio hay muchísimos colegios
particulares en todo el país y lamentablemente no todos brindan una buena
educación sin embargo la mayoría se aprovecha de la falta de oferta estatal y
de la equivocada percepción de muchos padres de familia que piensan que los
colegios particulares son mejores que los nacionales, esta percepción en la mayoría de casos no es
cierta.
Esta educación pudo ser mejor
sino se cruzan en nuestros años de estudios dos grandes huelgas magisteriales,
(tercero y cuarto de secundaria), de más de tres meses, que lamentablemente no
permitieron que los alumnos de los colegios nacionales recibiéramos toda la
capacitación que corresponde a la malla curricular escolar, con la consiguiente
preocupación de nuestros padres y nosotros porque eran los últimos años de vida
escolar y aquellos que pensábamos en desarrollar estudios superiores no íbamos
a estar a la altura de las exigencias académicas de las universidades y centros
superiores, sin embargo y sin temor a equivocarme, creo que la mayoría de
nosotros supimos hacer frente a las exigencias (debido a la enseñanza recibida)
y logramos acceder a una profesión, pero al margen de esta situación creo
también que la mayoría somos personas de bien, es una regla que en todo grupo
humano siempre hay excepciones, a los cuales no quiero juzgar y menos señalar,
porque no todos tuvimos la suerte de tener el apoyo de la familia, igual son y
serán nuestros compañeros de promoción a los cuales se les recuerda con afecto.
Hoy lamentablemente no existen
colegios nacionales tan buenos como los de antes, la oferta estatal no es
adecuada a la demanda poblacional, proliferan los colegios particulares sin
ningún tipo de control, en desmedro de la educación de los alumnos lo que trae
como consecuencia una diminución de oportunidades a la población escolar, esta
situación sumada a la falta de presencia de los padres y el desinterés de los
profesores por educar y solo limitarse a enseñar los temas académicos que
corresponden a sus asignaturas, han creado una tasita indiferencia que
perjudica la capacitación de la mayoría de alumnos.
Quiero también expresar algunas anécdotas con
mis compañeros, recuerdo que en primer año teníamos un compañero, cuyo apellido
no voy a divulgar, cuyas orejas además
de grandes eran medias caídas por lo que normalmente recibía una serie de
apodos que causaban risa y como no podía ser, si no te defendías o ponías un
hasta aquí corrías el riesgo que te agarren de “punto” y seas el centro de las
burlas del aula, hasta que un día lunes, lo recuerdo claramente porque se
sentaba al costado de mi carpeta; esa mañana se sentía un olor no común en el
aula, todos nos mirábamos, sin decir nada, a la llegada del profesor igual
percibió el olor y también pregunto, nadie le respondió por lo que dispuso que
se abran las ventanas, mi compañero el que se sentaba al costado de mi carpeta
curiosamente estaba sentado en la última fila del aula hasta que un compañero
que se encontraba al costado de él, al momento de salir al primer recreo,
divulgo el motivo del olor, además que notamos que mi compañero tenía algo raro
en la cabeza, lo que sucedió fue que ante tanta burla mi compañero no tuvo
mejor idea de pegarse las orejas con terokal, lejos de evitar las burlas, más
bien las incremento y también el famoso ¡chócala para la salida! lo que acarreaba
que al final de las clases los que quisieran nos dirigíamos a la altura de la
carpintería por el internado para luego trenzarse a golpes, quien gane o pierda
quedaba en la anécdota.
Fueron pasando los años, en
tercero de secundaria, en una oportunidad el profesor de literatura nos dejó
como tarea realizar una composición sobre una vivencia individual, a la cual no
debíamos colocar nuestro nombre, si no firmarla con un seudónimo, el día que el
profesor de literatura reviso los trabajos, el mejor trabajo tuvo un premio, al
cual se hizo merecedor un compañero bastante aplicado, quien tenía el respeto
de todos nosotros sin embargo al divulgar el seudónimo, el cual era “El modesto”
y saber quién era, todos en el aula al unísono rompimos en una carcajada que
hasta ahora recuerdo, junta con la cara roja de bochorno de mi compañero, un
gran profesional el día de hoy.
Para el quinto de secundaria, un
poco más maduros, conversamos de diferentes cosas, en los recreos ya
comentábamos de las amigas, las enamoradas y también de nuestras experiencias
con los tragos, algunos de nosotros alardeábamos que ya “nos metíamos nuestras
huascas” los fines de semana y así una serie de comentarios relacionados con
temas de adultos, como no podía faltar teníamos un compañero que creía hacernos
creer que tomaba sus tragos a diario, para darle solides a su versión no tuvo
mejor idea que todas las mañanas antes de salir de su casa con dirección al
colegio se tomaba o por lo menos mojaba los labios con anís y como vivía cerca,
cuando llegaba lo primero que hacia es acercarse a los más “movidos” del aula para que oliesen el tufo, luego se sentaba al
fondo de la clase y fingía dormir, gran parte del año se pasó haciendo esa
mozonada, hasta que se dio cuenta que a nadie le importaba porque el interés
despertado inicialmente había pasado.
Ese paso por el colegio nunca
lo he olvidado, al contario es motivo de orgullo expresar que soy exalumno del
Colegio Nacional de la Independencia Americana.
CONCLUSIONES
- Los
profesores de la década del 70 estaban mejor motivados y sobre todo capacitados
para instruir y educar a los alumnos de los diferentes colegios.
- Los
legisladores en el Perú no han privilegiado legislar para favorecer la educación,
mientras no haya normas legales que obliguen a los diferentes gobiernos a
trabajar y avanzar de manera cuantificable en diferentes aspectos dentro de los
cuales tiene que estar la educación, no sabremos en qué medida avanzamos.
- La
educación estatal ha disminuido notablemente sus capacidades.
- Falta
de incentivo para revalorar la carrera docente, además las autoridades deben de
incrementar la autoridad del profesor en el aula.
- Se
tiene que trabajar de manera efectiva contra la corrupción en todos los niveles
de gobierno.
- No hay
un trabajo conjunto de los tres poderes del Estado, cada uno busca privilegiar
sus intereses.
Aldo Reymer Medina Suclla
Ex alumno Promoción 1980
5to “E”
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